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2 DE CÓMO SE ORGANIZÓ LA REPÚBLICA

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LOS INTENTOS DE DEFENDERSE (SIN ÉXITO) DE SUS FANTASMAS
Desde su inicio la distribución y organización de los poderes del Estado (Ley Electoral, Estatuto de Las Cortes), reflejó el recelo existente entre el Presidente (con poderes constitucionales superiores al monarca depuesto) y los representantes políticos electos. Y se materializó en una confrontación que terminará en la disolución de Las Cortes Republicanas por el Presidente de la República Don Niceto Alcalá- Zamora en enero de 1936. Y meses más tarde, en abril, será él destituido a su vez por las nuevas Cortes.
Para el franquismo, la República estuvo sometida a la masonería. Por contra la “nueva” República en donde se mira es en los castizos y sesteantes casinos españoles de capital de provincia -mucho follón, mucho humo; golpes de fichas en el mármol- en los que cohabitan el vocerío campechano y rancios agravios. Es en estos casinos en donde se pone de Presidente al opositor de judicatura -o a un abogado de prestigio- para que se emplee en darles fuste y así los socios se dedican a lo que quieren: pasar la tarde jugando a las cartas o al dòmino.
(el paso por la Presidencia de la República de Don Niceto Alcalá Zamora, como a continuación Don Manuel Azaña, se ajusta significativamente al perfil anterior; se les asigna una alta responsabilidad de Estado pero son tolerados en tanto no se salgan del florero. No en vano ambos ocuparon la Presidencia del Ateneo de Madrid).
La República se magina, se ensueña, se cuece, en las tertulias de los casinos de provincias, y de ese alma nacerá su ser.

Los constituyentes saben de los peligros que esconden las organizaciones sociales, máxime cuando ya no está el paraguas de la Monarquía. Para ello disponen de tal forma que el Presidente de La República sea el árbitro que impida a sus señorías perderse en las frondas de la política. Que haya frondas, pero sin perderse. Don Nice recibe ese encargo.
Se le dota de potestades superiores a las del monarca del Régimen depuesto: capacidad para disolver las Cortes y convocar elecciones; nombrar Jefe del Gobierno consultados los partidos (según la Constitución, el presidente del Consejo de Ministros necesitaba la doble confianza, la del presidente de la República y la de las Cortes); presidir los Consejos de Ministros y refrendar, o no, las leyes.

El Presidente de la República podía imponer algo más que la música: podía conformar el proceso electoral en pro de unos previsibles resultados. Esto conllevó desde el primer momento la inquina de la misma clase política que lo nombró, dando lugar a las subsiguientes dinámicas inversas para neutralizarlo o desmontar sus maniobras. Supuso un borboteo incesante de conciliábulos y acuerdos bajo manga. Y lo mejor, que hasta el propio Presidente participaba en ellos.

Las precauciones derivadas de los temores a que el proyecto republicano pudiera irse a pique -entre otras cosas, por las fuertes diferencias entre los grupos que trajeron la República- no resultaron; en tanto que en el (nuevo) Estado no se generó una dinámica jurídica que asimilase esas discrepancias. En su lugar se optó por aparentar una inexistente unidad. Y, en consecuencia, facultar al Presidente para que interfiriera la labor de los Gobiernos o la vida parlamentaria fue un tremendo error.
A los pocos meses estaban todos hartos de D. Niceto. Todos, a derecha e izquierda, educadamente, hasta que en abril de 1936 lo echan.

LOS PARTIDOS POLÍTICOS
Partidos políticos y organizaciones sindicales de la izquierda obrera. En el mismo PSOE nos encontramos con sectores dispuestos a acatar la legalidad y otros que no tanto. Luego están los anarquistas y los comunistas que se inclinan a favor de posiciones revolucionarias o se abstienen tácticamente. Se produjeron escenarios imprevistos en función de múltiples combinaciones.
Figuras más significativas: Prieto, Largo Caballero, Besteiro (PSOE). Sindicato socialista: UGT.
Grupos anarquistas, comunistas y sindicalistas: Andreu Nin, Ángel Pestaña… Organizaciones anarcosindicalistas (FAI, CNT).
La izquierda obrera (socialdemócratas y comunistas) se integra en el contexto ideológico y emocional de la III Internacional. Y si bien es ambigua respecto al ordenamiento legal (se mueve en el espacio simbólico de la dictadura del proletariado) en las elecciones de febrero de 1936 exterioriza definitivamente la ruptura con la Constitución y la democracia representativa, arrastrando a esta posición a personalidades y partidos de la izquierda cívica.
Partidos políticos de izquierdas y centro-izquierda no obreros (izquierda cívica). Se trata de plataformas políticas o partidos vinculados a personalidades republicanas de izquierda. Tuvieron peso hasta mayo de 1936. No siendo de clase, exhibieron músculo social y mediático, gobernando mediante alianzas. Actuaron como elemento de compensación. Hubo muchas puertas giratorias y fueron la salsa de todos los guisos.
Figura más significativa: Manuel Azaña. Partidos: Izquierda Republicana (Azaña, Casares Quiroga, izquierda), Unión Republicana (Martínez Barrio, centro izquierda, ex- radical).
Es en los dos grupos anteriores donde encontramos los políticos más relevantes, aglutinando a su alrededor las corrientes de opinión y debates políticos más intensos.
El Centro y el Centro Derecha es la parte menos estudiada. Encontramos numerosos partidos republicanos, muchos de implantación local. Al igual que el grupo anterior, hasta la llegada del Frente Popular (aproximadamente enero 1936) dieron mucho juego político articulando múltiples combinaciones.
Sus líderes, por lo general poco brillantes, digamos que de vuelo bajo (Lerroux, Samper, Chapaprieta, Melquíades Álvarez, Portela Valladares… ). El partido más representativo fue el centrista Partido Republicano Radical (Lerroux).
Su influencia, sus cohabitaciones, dieron lugar a cortos episodios de “placidez republicana“.
Hubo mucha movilidad de siglas y militantes. Según las circunstancias se integraban con candidaturas de uno u otro signo buscando reforzar o debilitar una determinada opción.
La corrupción y los escándalos (como siempre en España) los desacreditan. A raíz de esos escándalos, la decisión del Presidente de la República, Don Nice, de disolver las Cortes en diciembre de 1935 y la subsiguiente convocatoria de elecciones legislativas conllevará su desaparición de la escena.
La Derecha política la integran, con una base social y electoral amplia, la CEDA (católicos), los monárquicos Partido Agrario y Renovación Española (Calvo Sotelo). Salvo excepciones no gobernaron, limitándose a respaldar la gobernación. La CEDA (Gil Robles) tuvo presencia mediática y de masas.
Falange Española (José Antonio Primo de Rivera) representó un papel disruptor. El asesinato de su fundador truncó sus expectativas.

LA TRANSVERSALIDAD
Si algo ha quedado claro hasta aquí, echemos un jarro de agua fría. La movilidad, el desfile continuo de figuras políticas entre grupos y partidos más o menos afines fue constante. El modelo electoral, la formación de mayorías y la certidumbre de por dónde saldría Don Niceto dio lugar a numerosas conversaciones y tanteos previos para alcanzar acuerdos y cerrar las candidaturas conjuntas entre partidos -diferentes según las circunscripciones y vuelta- que a su vez se modificaban según se iban conociendo las posiciones del resto.
Las consultas se hacían entre afines pero como se ha visto no había una delimitación, ni programática ni territorial, precisa. También se sondeaba, si no directamente, a través de conocidos, a formaciones distantes.
Por último, se le hacían al Presidente para saber su disposición hacia las posibles combinaciones (no tenía sentido empeñarse en fórmulas que se estrellasen en el rechazo presidencial).
Las transacciones era habituales también durante el escrutinio de los votos (correspondía a la Mesa de Las Cortes, no a los Jueces como actualmente), como reajuste de los partidos al complicado proceso electoral. De todo ello se ponía en antecedentes al Presidente.
Y es que lo bizarro y el mestizaje fueron constantes. Figuras monárquicas que se hacían republicanas (el propio Don Niceto); el emperador del Paralelo (Lerroux), el Lenin español (Largo Caballero), Pasionaria, El Campesino… la república estuvo poblada por personajes salidos del casticismo español del s. XIX.
La amistad personal o un trato social intenso no era infrecuente entre adversarios. Recordemos la relación entre José Antonio con personajes como García Lorca, Unamuno, Prieto o Ángel Pestaña
Gil Robles incorporó en una de las candidaturas a José Antonio, para librarlo de la cárcel. Similar hicieron los partidos de la izquierda para evitar las condenas del 34.
En 1936, el ostracismo, la persecución o la violencia se emplearán contra amigos y enemigos (Alcalá Zamora, Calvo Sotelo, Muñoz Seca, Andreu Nín, Arturo Barea, Chaves Nogales, Clara Campoamor… )


Y a continuación…

 

3 LOS ERRORES DE LA REPUBLICA CLICAR AQUÍ (4 minutos)
4 LA CULTURA POLITICA CLICAR AQUÍ (4minutos)
5 LOS PASTELEOS DE DON NICE CLICAR AQUÍ (7 minutos)
6 TODO ACABA EN EL 36 CLICAR AQUÍ (minutos)
7 LA REVOLUCION CLICAR AQUÍ (4 minutos)
8 ¿FRACASÓ LA REPÚBLICA? CLICAR AQUÍ (9 minutos)
9 MI REPÚBLICA CLICAR AQUÍ (7 minutos)

No te los pierdas!

7 LA REVOLUCION

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Se han subrayado las distintas capas, sensibilidades y protagonismos (a menudo contradictorios) que poblaron el breve período republicano.

Una de esos hilos es el de la de la revolución.

En octubre de 1934 socialistas y anarquistas ante el avance electoral de la Derecha se sublevaron contra la República. Posteriormente en 1936 se escenifica un breve período revolucionario con la subida al poder del Frente Popular.

Las izquierdas obreras se unen para instaurar la dictadura del proletariado, en el marco del internacionalismo proletario. Se presenta como una toma democrática del poder (Ejecutivo y Legislativo) que no altera  el orden constitucional de 1931. Su propia dinámica, el estallido de la sublevación militar, la guerra civil y la aceleración del escenario europeo la desbordará. 

En Europa se extienden toda clase de movimientos políticos de masas (comunismo, anarquismo, fascismo, nacional- socialismo… ) y en España, salvo los de centro derecha, centro y centro izquierda, los partidos compartían marco mental y espacios simbólicos: comunismo, anarquismo, socialismo, en la izquierda; la CEDA y Falange, en la derecha. (Franco también, por un  tiempo: “por Dios, por España y por la Revolución Nacional- Sindicalista!“)

El fantasma de “la revolución”

En los capítulos anteriores hemos abordado cómo esta ambigüedad, que contravenía el marco jurídico, fue una de los imposibles que llevó al fracaso a la República.

Es Clara Campoamor quien en “La revolución española vista por una republicana” objetiva el fantasma revolucionario que traiciona a la República nacida el 14 de abril.

Campoamor capta claramente (como no podía ser menos) cómo el hundimiento del Partido Republicano Radical por escándalos de corrupción en diciembre de 1935 pone a la República a merced de unas fuerzas que la petarán. En su libro, escrito en Suiza cuando se va voluntariamente en el 37 harta del ostracismo a que se ve sometida por los republicanos, cuenta sus impresiones sobre el miedo, la inseguridad jurídica y la violencia que se vivió el la calles tomadas por las milicias obreras. De lectura muy recomendable.

La bibliografía posterior (de un lado o de otro) obvia el fantasma revolucionario. Un fantasma de clases medias, que tan bien paradas saldrán con el franquismo. No vale la pena pues llorar sobre la leche derramada.

Y luego en el escenario internacional se producen unos cambios muy rápidos y con equilibrios muy precarios. La dictadura franquista, que había logrado un triunfo aplastante sobre sus enemigos, preferirá pasar de puntillas sobre el pasado. 

El franquismo echó una abundante capa de hormigón sobre el período. Aquello había sido cosa de rojos, comunistas y masones y cuanto antes se olvidase, cuanto menos se removiese, mejor. Se mitificó negativamente la República.

(en el colegio se nos transmitía la mitología Nacional- Católica del franquismo que no investigaba revoluciones dentro del período republicano. Fue una etapa toda ella entregada al Mal por los enemigos de España)

Y como la Historia de España viene a ser la sucesión de enlaces truncados -que paradójicamente a pesar de su fracaso mantienen su engarce-, el mito republicano que construirá la izquierda reproducirá, pero a la inversa, el mito franquista. Y con un relato de fácil digestión por las dóciles generaciones que surgirán con la Transición se ahorrarán también farragosas explicaciones.


A continuación puedes seguir leyendo, clicando en los siguientes capítulos:

8 ¿FRACASÓ LA REPÚBLICA? CLICAR AQUÍ (9 minutos)
9 MI REPÚBLICA CLICAR AQUÍ (7 minutos)

No te los pierdas esta información apasionante sobre nuestro período más controvertido del s. XX!

8 ¿FRACASÓ LA REPÚBLICA?

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Hemos visto las expectativas que acompañaron al advenimiento de la República, la España que heredó y el escenario internacional. También cómo se organizó y los errores en su defectuosa Arquitectura constitucional.
Sabemos de su dramático final. Poco más. El tema desata pasiones y la II República se refugia en sus mitos protectores.
Lo repito, ¿por qué fracasó La República?
Veamos en detalle.

FRACASÓ EL ESTADO
Que la República fracasó es evidente. Otra cosa es que se quiera enmascarar el fracaso en la teoría de la conspiración; con la sublevación militar o en la falta de apoyos internacionales.
En cualquier caso, fracasaron sus políticas?, fracasaron sus gobiernos?
Cuando en mayo de 1936 accede, como accede, el gobierno del Frente Popular ya se había perdido el consenso constitucional y la estabilidad social. La opción revolucionaria (que implicó la muerte definitiva del proyecto republicano) buscó agarrarse a un clavo ardiendo, con trampa. La euforia por una URSS que arrasaría al capitalismo era el imaginario dominante y de paso les aseguraba el poder.
Por otra parte la sublevación militar, si bien al principio fue utilizada para dar una sensación de revancha (a por ellos!) y unidad, conforme aumentó la dinámica militar y absorbía más recursos, se convirtió en una losa. La única opción plausible fue la que se siguió: prolongar la guerra conforme a los intereses geoestratégicos de la Unión Soviética.
La Republica ya no era recuperable. No quedaban instituciones del Estado y la poca (y meritoria) Administración Local que funcionaba era testimonial y estaba tomada por los comités y milicias populares.

TODOS LOS FRACASOS SON UNO SOLO
Varios elementos dieron al traste, desde su arranque, con esa República ideada, de fugaces destellos.
A continuación repasamos la lista de condicionantes, de obstáculos que, a nuestro criterio, no pudo superar.

1. LAS PROFUNDAS DIFERENCIAS RESPECTO AL PROYECTO REPUBLICANO
Las profundas y variadas diferencias entre los diversos grupos dieron lugar a continuos recelos, envenenando la vida política, sin perjuicio de que bajo mano se mantuviesen contactos, o se llegase a acuerdos políticos o existiesen relaciones personales significativas.
Dentro de los partidos obreros hubo sectores que se integraron en la República únicamente de forma simbólica y otros que acataron la Constitución según circunstancias. A raíz de la ruptura en 1937 del Frente Popular con la Derecha –al considerarla fascista- se mantuvieron contactos personales oficiosos entre Prieto y Gil Robles.
Esta dualidad, estas corrientes de superficie sobre otras subterráneas, fue constante. Por eso hay que coger con pinzas los testimonios parciales en los artículos de historia o en la Wikipedia.
El constructo “enemigo político” iba modificándose circunstancialmente: republicanos frente a no republicanos o monárquicos; derecha – izquierda; también los nacionalistas, obreros – capitalistas, meapilas – come curas; fascistas – rojos; cabrón – hijo de puta; terminando en las tapias de los cementerios o en una cuneta.

2. LA ERRÓNEA ARQUITECTURA CONSTITUCIONAL
Como hemos visto, y para evitar salidas de curva, se reconoció al Presidente una capacidad de arbitraje o tutela. Funciones que al no desarrollarse jurídicamente quedaron en una nebulosa. Nebulosa que administró Don Niceto sin limitaciones.
Al usar de forma ordinaria sus facultades su presencia impregnaba la vida política introduciendo un bucle de distorsión en la acción de los gobiernos y en la vida parlamentaria.

3. LA FÉRREA LEY ELECTORAL
Pensando que -mediante unos robustos grupos parlamentarios y la formación de una Mayoría/ Minoría parlamentarias la República dispondría de mayor estabilidad, la Ley Electoral buscó la concentración del voto.
Pero con eso, además de radicalizar (DERECHA/ IZQUIERDA) los resultados electorales, reforzó la tutela presidencial, dado que los resultados que se obtenían en las urnas propiciaban algún ajuste consensuado. Y Don Niceto controlaba.
La Ley dio lugar a una dinámica corporativa (entre partidos) de “armonización” de los resultados electorales. Mediante acuerdos se “pulía” el recuento final para la determinación de la Mayoría. La competencia del escrutinio electoral correspondía a la Mesa de las Cortes, no a los jueces como hoy en día. El mecanismo en sí no era malo pues se hacía con el consenso de los grupos y sin modificar el cuenteo de los votos. Fue anacrónico y a la larga perjudicial.
Al soslayar el desarrollo jurídico del encaje de las Instituciones en el funcionamiento de la república se desvalorizaron los procedimientos democráticos. Los perdedores siempre podían sentirse perjudicados e interpretar que los resultados podían haber sido otros. Que es lo que pasó.

4. LA DEPENDENCIA (EMOCIONAL) DE LOS PARTIDOS DE LA IZQUIERDA OBRERA
Los partidos obreros se encuadran en contexto ideológico de la III Internacional, junto con los anarquistas, en el imaginario característico de la época, lejos pues de cualquier tentación de modernidad. Mantuvo la tradición en la que históricamente se desenvolvió durante el XIX y principios de XX. Por lo tanto su relación con la constitución republicana oscilaba en función de los calentones emocionales de carácter simbólico (situación internacional, ambiente en la calle, grandes acontecimientos… ).
Por eso, como señala Clara Campoamor, la decisión en 1936 del Gobierno republicano de entregar armas a las Milicias Populares (al Pueblo) fue una decisión mal sopesada pues no dejó alternativa al ejército sublevado.
Al poco, la dinámica y el peso de la guerra, junto con los cambios en los escenarios europeos petaron el proyecto republicano.
En septiembre 1936 la república se vincula materialmente a los intereses de la Unión Soviética, pero hacía tiempo que había perdido la referencia interna de la sociedad española y de la legalidad republicana.
La querencia de los partidos de la izquierda obrera (en la dialéctica, en la simbología, en la exaltación) hacia la URSS fue determinante pero no ya no podía ser de otro modo. Al final triunfaron las tesis de los sectores más proclives dentro del PSOE (Largo Caballero) produciéndose una aproximación al PC y a la URSS creyendo en el inmediato triunfo internacional del comunismo.

5. EL ASCENSO DE HITLER Y STALIN AL PRIMER PLANO DEL FRÁGIL ESCENARIO EUROPEO
Cobra importancia la coyuntura internacional derivada del triunfo de la revolución sovietista, en el marco de la III Internacional. Seguida de la ascensión de Hitler y el nazismo en Alemania, con sus agresivas políticas hegemónicas de anexión. Este escenario va a acelerar y subordinar el clima social y político de la República.
Hitler y Stalin, se enfrentarán (y se asociarán) por el dominio de Europa. La precipitación de acontecimientos, de crispación dialéctica primero y la sucesión de hechos de violencia desatada después, junto con la ausencia de contrapesos democráticos a nivel europeo, definirán el periodo.
Y este escenario es el que va a determinar el clima emocional y político de la agonía republicana.

QUINTA PARTE: POR QUÉ COÑO FRACASÓ LA REPÚBLICA? (Qué coño es la UDEF?)
Vale, ante la insistencia no me queda más que responder.
Al no ser capaz de dar solución a los problemas que se le presentaron acabó descarrilando el proyecto histórico, genuino, de la II República española.

Contésteme de una vez, POR QUÉ COÑO FRACASÓ LA REPÚBLICA?
Por las profundas divergencias, de más calado que lo que se quiso ver, entre los grupos que constituían el cogollo republicano. Las diferencias sobre los fines, las reformas o las urgencias se suplían con fervientes adhesiones.
Por valorar erróneamente las soluciones que aplicó a los graves problemas que heredó. Creyó que sus actuaciones tendrían el resultado más favorable. Y porque las reformas se hicieron de golpe y forma tosca, mostrando escasa inteligencia.
Por obviar el desarrollo jurídico del edificio constitucional, posiblemente para no encarar las profundas diferencias entre los partidos y dentro de los mismos. Se suplió con una tutela presidencial que a la larga lo complicó todo.
Por acabar asimilando los espacios simbólicos (el imaginario, la retórica revolucionaria, emocional… ) de los partidos obreros. Se produjo el mestizaje cultural inverso.
Por las condiciones internacionales que fueron muy difíciles, y más con la torpeza exhibida por los republicanos.
Por la subordinación, en este contexto, a la URSS, lo que le supuso el abrazo del oso.


Interesante entrevista en EL MUNDO (22.03.16)  al historiador norteamericano Stanley Payne


Y por último, mis notas más cansinas sobre este apasionante y controvertido periodo:

9 MI REPÚBLICA CLICAR AQUÍ (7 minutos)

Esperamos que estas notas te hayan servido!

9 MI REPUBLICA

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En MI REPÚBLICA recojo mis impresiones más personales y patosas del periodo.

– no pude terminar “La Guerra Civil española” de Thomas. Aparte de la lista de paseíllos y desmanes variados -que si no fueran trágicos serían chuscos- la conclusión que se saca con su lectura es que la República tenía ya un problema, al margen de la sublevación militar.
Hay episodios, como el de Pablo Cassals y los anarquistas que se lo llevaron, que retrata nítidamente el periodo.
Años más tarde se ha documentado (dicho por el propio Thomas) que el editor –Martínez Guerricabeitia (Ruedo Ibérico)- distorsionó y ocultó datos significativos del original en inglés para favorecer la versión frentepopulista. Esta práctica se ha hecho norma (parecido ocurrió con las memorias de Don Nice) y ha contribuido a instaurar un “relato republicano” desde la mitificación y la idealización.

– en opinión de Clara Campoamor, el gran error de la República fue radicalizarse en torno a la sublevación militar -y entregar armas a las Milicias Populares– con lo que marcó un punto sin retorno.

– nacido en el siglo pasado, desde pequeño pude hablar de lo ocurrido con personas de mi entorno. Recuerdo las referencias de mi madre al periodo de la “revolución” en 1936, que no se correspondían con lo poco que dábamos en el colegio.
Algunos conocidos que venían por casa recordaban hastiados lo que fue el hundimiento del frente de Aragón y el regreso a pie en condiciones penosas, con los pertrechos abandonados y los mandos huidos.
Por último en el 62 en un viaje al sur Francia en una excursión a una ermita abandonada entre pinos mediterráneos, me impresionó la ermita de Saint Férreol de Lorgues, con pintadas en español en las paredes. Eran lamentos de refugiados españoles maldiciéndose y sintiéndose engañados por las penalidades vividas en la guerra.

– está claro que el franquismo se equivocó echando un manto de silencio sobre lo ocurrido (cuanta menos información mejor). Poniendo a todos en el mismo saco (a la República y a los republicanos, masonesjudíosmarxistas, en la expresión de la época) nos privó de la lucidez de juicio sobre el periodo.
Cuando, a partir de los 60 fueron regresando los exiliados se puede imaginar el asombro de algunos al comprobar que tenían un folio en blanco para contar su versión. Y vaya que lo hicieron.
El problema es que a partir de esta carencia se construyó el relato republicano de “izquierdas”, sobre el insuficiente relato franquista. Ambos constructos se refuerzan. El franquismo buscaba la ignorancia sobre el período. Al relato “de izquierdas” le conviene esa ignorancia; la mantiene y la mitifica.

El franquismo también ganaba con esta mixtificación. Al final sus enemigos eran abstracciones: comunismo internacional, la masonería o los judíos (en el periodo que Hitler estaba vigente), lo que le permitía anatemas globales sin entrar a dar explicaciones.

La República que perdimos
A la última parte de la monarquía, a pesar de la bonanza económica que supuso la Dictadura de Primo de Rivera, le correspondió una sociedad civil viejuna, acomplejada por su incapacidad de regenerarse ni de quitarse de encima la costra de caciquismo. Por eso, sobre todo en las ciudades, el deseo de cambio, de modernidad civil, fue notable. Y para eso, creo, vino la República.
Coincidieron una República ilusionada, pequeño burguesa y algo moderna a la par que otra también ilusionada, militante y más agresiva. En esta polarización se sacudía su centro de gravedad emocional e ideológico.
Sobre todo en ambientes urbanos “la gente” pudo vivir momentos de placidez republicana, satisfechos de dejar atrás la casposa sociedad anterior (cuando fuera casposa).
Tenían a su favor el tirón económico que supuso la GMI con las obras públicas que dejó en marcha Primo de Rivera. Durante la República se concluyeron muchos proyectos iniciados en el Directorio. (Concretamente, en Valencia el centro de la ciudad moderna se ejecutó en el bienio de centro derecha, “bienio negro”, como lo llama la izquierda).
Este legado corresponde significativamente a grupos mestizos republicanos de centro derecha, centro y centro izquierda, que al final serán barridos por los escándalos de corrupción. Eran partidos entre los que alguno se decía de izquierdas, nacionalistas o radicales, pero que en realidad lo eran poco. Chapaprieta, Blasco Ibáñez, Lerroux, Ricardo Samper, de perfil republicano moderado, de izquierdas sin serlo, populistas moderados, nacionalistas sin serlo… y, cuando gobernaron, a su alrededor se movió un vivero de personajes y grupos, a menudo de perfil bajo, pero que promocionó una sociedad comerciante y creativa; de clases medias y tolerante. Ni que decir tiene que fueron arrinconados por sus propios pecados sociales y que con la radicalización que sacudió a la República (a España entera) no les quedó espacio ni para respirar. Desaparecidos como partidos políticos a raíz de las elecciones de febrero de 1936 sus integrantes tuvieron diversas peripecias personales.
Hay que tener en cuenta que tanto en el último periodo republicano como en el franquismo (primera época) la represión fue intensa, continuada y diversa.
Se produce un efecto que es la “expulsión” de la historia de aquellos grupos e individuos, que resultaron ser víctimas de unos y otros. Lo que hoy en día se viene a llamar “daños colaterales”.
El republicanismo pequeño burgués, el blasquismo, el populismo lerrouxista, los cedistas… todos estos desaparecerán del relato; y si aparecen lo será como extravagancia.
Hay numerosos ejemplos de gente perseguida por unos y otros. Como Don Melquíadez Álvarez político republicano asesinado por sospechas de desafección a la república. O el escritor Don Pedro Muñoz Seca encarcelado en la monarquía y asesinado en Paracuellos. O Besteiro o Clara Campoamor, o Chaves Nogales… y tantos y tantos otros. Cada uno con su particularidad o su anécdota trágica.
En otro orden está también la represión del anarquismo y de los grupos comunistas contrarios a la ortodoxia sovietica.
Un imaginario republicano (estereotipado), libertario, liberal, populista, naturista, festivo es sustituido por el que conocemos: militante, radical, agrio, y que desfila armado.

– reconociendo que fue periodo complejo y convulso, la República tuvo sus momentos brillantes con un horizonte de esplendor propio.

– por último, resaltar que La República fue española y castiza y que en su imaginario se alojaba toda la diversidad territorial sin menoscabo de su fuerte arraigo como Nación (independientemente de movimientos nacionalistas que no tenían proyección más allá de la vida de sus partidos). Algo que se ha perdido con el actual Estado Autonómico.

Estos comentarios personales, originalísimos y políticamente incorrectos, son el resultado de lecturas a lo largo de años y recogen también los testimonios directos de personas a las que les tocó vivir aquella experiencia.