OCURRA LO QUE OCURRA PIERDE ESPAÑA (29.10.14)

1La percepción del funcionamiento del Estado ante el conflicto permanente al que nos llevan los nacionalistas es perturbadora para los ciudadanos; principalmente por la confusión que se proyecta a la hora de interpretar los acontecimientos según las pautas admisibles en  un Estado  democrático.

Tras el franquismo se produjo el cambio político a una democracia representativa como consecuencia de una demanda social generalizada.

En un contexto de crisis global -debida a la situación económica y a la constatación de que las Instituciones son la pantalla utilizada para el saqueo del País y que, a la vez, están al servicio de intereses particulares- nos centramos en la actuación del Gobierno del Estado, por un lado, y del Gobierno  de la Generalitat de Cataluña, por otro.

Respecto a la acción de gobierno de Rajoy no hay palabras. Insuperable. Con un programa definido respecto a su antecesor y con una mayoría clara -¡absoluta!-, contra lo que cabía esperar, su posicionamiento es inane.

Como los acontecimientos son complejos y acelerados, enuncio los aspectos más significativos:

No reúne al Parlamento, en donde los partidos se habrían posicionado cara a los ciudadanos sobre el reto que surge desde el interior del poder del Estado. Al contrario del gobierno catalán que lleva su intención al Parlament y, por lo menos, puertas adentro los ciudadanos de Cataluña pueden elaborar una escala de preferencias así como identificar las posiciones de sus representantes. Se establece un proceso de feedback emocional entre el Gobierno catalán, sociedad-e-instituciones intermedias y los ciudadanos.

No toma ninguna medida de gobierno, al contrario del gobierno catalán que, aún resultando patético por su falta de rigor (señal de los tiempos), desarrolla un abanico de propuestas en todos los ámbitos.

– No tiene una política de comunicación, al contrario del gobierno catalán. Su partido no toma ninguna iniciativa ni promueve una respuesta conjunta con otros partidos (el único ministro que habló directamente del tema fue Garcia Margallo, de Exteriores). Se reunió una vez con Más y en otra ocasión con Rosa Díez. No constan más contactos políticos (independientemente de que los hubieran).

– Ante hechos concretos no se produce ninguna acción de gobierno, con medidas políticas que posteriormente sean llevadas al Parlamento y a los órganos jurisdiccionales (Tribunal Constitucional). En su lugar Rajoy hace una argucia: eleva a consulta (o impugna) ante el TC diciendo que en función del dictamen procederá de acuerdo al derecho administrativo con los “servidores” públicos responsables de la convocatoria del referéndum.

– A continuación, el presidente Mas hace una jugada “cool”. Se hace una puesta en escena del referéndum en la calle. Y a pesar de prohibiciones se lleva a cabo la consulta festiva como una manifestación de afirmación nacionalista y democrática…  El triunfo emocional y comunicativo es de los nacionalistas. Para esto no hacía falta que Rajoy se escondiese bajo las togas del T.C.!

desconocemos los propósitos de Rajoy a la hora de negociar con la Generalitat. Tampoco el eufemismo de un Estado Federal del PSOE. Deliberadamente se mantienen en la ambigüedad.

– Sabemos lo que quieren los nacionalistas catalanes: o independencia o dinero acompañado de autoexaltación delirante.

– Sabemos que quiere Europa: no nos traigáis problemas, apañaros.

– El error está en asumir el punto de vista de los nacionalismos sin tener en cuenta los intereses de España como Estado y como País de densa historia (en donde el todo es mucho más que las partes).

Hasta en el club más modesto cobran por pertenecer; nada es gratis. Habrá que plantear a los nacionalistas el dilema: o permaneces en España (con unidad de lengua, enseñanza común, respeto institucional, euro y pertenencia a la UE), con la posibilidad de tener “tu” lengua, “tus” instituciones y “tu” bandera; o te buscas la vida.

– Mientras no se establezca en estos o parecidos términos el marco conceptual no saldremos de la confusión de un Estado que se dice democrático pero que basa su esencia en clanes territoriales  y en el que el desafío al principio de legalidad (por todos) es lo habitual.

En este sentido el balón no está en el tejado de Cataluña. Hay que aprovechar el actual momento de crisis para cambiar el punto de vista sin complejines (el modelo autonómico ya se abordó en 1975, se ha desarrollado a tope y sabemos sus limites) y llevar a primer plano los intereses generales en un modelo de Estado que corrija sus deficiencias históricas.

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