3 LOS ERRORES DE LA REPÚBLICA

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EL PRESIDENTE COMO UN MONARCA BORBÓN
La República se proclama el 14 de abril de 1931 tras unas elecciones municipales en las que concejales republicanos obtienen mayoría en las principales ciudades.
Deseada -como también lo fue Fernando VII– lo cierto es que su proclamación pilla de sorpresa a todos. Sin Constitución ni Cortes Constituyentes.
Se nombra Jefe del Gobierno Provisional a Don Niceto Alcalá- Zamora -abogado de prestigio, monárquico y católico- y a continuación se convocan elecciones legislativas para constituir Las Cortes Republicanas y aprobar la Constitución.
Sin embargo, a la hora de su construcción la República no supo establecer un marco jurídico, más allá de los espacios meramente simbólicos.

Sorpresivamente la Constitución republicana otorga al Presidente la potestad de disolver las Cortes y convocar elecciones legislativas. También le otorga la capacidad de designar al Jefe del Gobierno (Presidente del Consejo de Ministros) independientemente de la aritmética parlamentaria (la Constitución establecía la doble validación -del Parlamento y del Presidente- para designar al Jefe del Gobierno). Y también preside el Consejo de Ministros, refrendando, o no, sus disposiciones.
Teniendo en cuenta que al monarca depuesto se le reprocha justificadamente haber desbordado su papel institucional interviniendo a su antojo en la política y en el ejército, la única explicación plausible a estas prerrogativas, además de la voluntad de los constituyentes de asignar a su figura una instancia final de arbitraje, estaría en los recelos mutuos -simplemente las grandes diferencias- entre los grupos que integran el proyecto republicano.
Posiblemente se quiera evitar que en el proceso de construcción y consolidación republicanos se produzcan desbordamientos, a derecha o a izquierda, dentro de las mismas fuerzas que lideran su proclamación y, en algún caso, derivados de la misma agitación en la calle.
Sin embargo reconocer al Presidente la atribución de interpretar los resultados electorales una vez finalizada la consulta -y la utilización que le dio- , tuvo consecuencias negativas. Supuso la renuncia a estructurar jurídicamente los poderes del Estado, estableciendo en su lugar una ambigua función de tutela.

LA COMPLICADA LEY ELECTORAL
En puridad el Acta de Diputado se obtiene mediante el sufragio universal directo y secreto. Al pretender evitar a toda costa la dispersión del voto y alcanzar un estatus de Mayoría y Minoría parlamentarias, la Ley Electoral lo complicó. Con las candidaturas mixtas se buscaba concentrar el voto, obviando la dispersión de los partidos. Figurar en una misma candidatura podía suponer alguna afinidad o voluntad de coincidencia, pero poco más. Estar en una candidatura no implicaba compartir programa ni tampoco un apoyo parlamentario futuro. Por ello el resultado fue cuanto menos variopinto. Y propiciar fuertes mayorías mediante la concentración del voto propició la radicalización de la política.
Al final las listas reflejaban el mercadeo resultado de las negociaciones y conversaciones entre los partidos y el Presidente.
El sistema funcionaba a dos vueltas, Para la obtención del Acta de Diputado se necesitaba un mínimo del 40% de los sufragios. El candidato que no obtenga un 40% de los votos queda eliminado. Las listas son abiertas y las candidaturas pueden ser mixtas, con agrupaciones de partidos diferentes en cada provincia, teniendo en cuenta que un mismo candidato puede presentarse por varias.
Si en una circunscripción ninguna lista alcanza el 40% en la primera vuelta, se va a la segunda vuelta, si bien solo pueden volver a presentarse los que hayan quedado por encima del 8%. Sin embargo sí se pueden presentar candidatos nuevos.

LA INTERLOCUCIÓN CON EL PRESIDENTE
En este contexto los partidos sondearán la disposición del Presidente, en evitación de complicaciones posteriores y con el objeto de cerrar con los menores problemas las listas mixtas dentro de la brevedad de la convocatoria.
Los Partidos realizan un esfuerzo presentándose y carece de sentido hacerlo sin unas previsiones realistas de conseguir Actas de Diputado. Por lo que harán numerosas combinaciones con formaciones más o menos afines a fin de concentrar votos e intentar superar el fatídico 40%.
Un mismo candidato se podía presentar en varios distritos y tiraba de votos. Efectuado el sufragio los escaños se asignan a los partidos políticos, premiando la Mayoría y, en menor grado, la Minoría, a ambas se les reconoce un estatus especial parlamentario.
Evidentemente se trata de un retorcimiento. Quizás no buscado directamente pero que se consolidó en el período. La intervención presidencial pretendía armonizar la participación de los partidos en un proceso -la formación de las candidaturas mixtas, la campaña electoral y, realizadas las votaciones, el recuento de los votos y la proclamación de los resultados- tan complejo; al final se llenó de cadáveres políticos la escena.
Porque el Presidente de la República, dentro de sus prerrogativas y mediando las consultas que considerase oportunas, es quien designará al Jefe del Gobierno (Presidente del Consejo), independientemente de los resultados electorales. Eso sí, con los apoyos circunstanciales que recoja. (Alcalá- Zamora vetó siempre al derechista Gil Robles a la Jefatura del Gobierno a pesar de lograr mayorías suficientes).
Y los partidos tampoco querrán someterse a un proceso electoral, tan farragoso, para nada. Todos buscarán alcanzar acuerdos. Las diferencias que subsistan se intentará resolverlas por otras vías.
Es en esta cochura a fuego lento donde se cocinan las expectativas de los partidos junto con las preferencias del Presidente. En una dinámica que llevó a La República a un callejón sin salida.


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5 LOS PASTELEOS DE DON NICE CLICAR AQUÍ (7 minutos)
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7 LA REVOLUCIÓN  CLICAR AQUÍ (4 minutos)
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