HOMENAJE A MADRID (22.11.2017)

tiempo: 7′
dificultad: baja
interés: ****

– perdone… cómo dice?
– no, que echo de menos viajar como viajaba antes
– pero… se le ve bien, qué se lo impide?

No estoy familiarizado con Madrid; hasta que nos cayó encima la losa autonómica me moví más por Cataluña. Llegué para tomar el autobús del Inserso, y cuando aquella mañana salía de Atocha hacia la estación de autobuses faltaban un par de horas. Llegaría arrastrando mi maleta de ruedecitas y quería llegar con tiempo.

La acera frente a la estación, ahí se ensancha mucho. Podía preguntarle a la señora que llevaba de la mano un perrito, sin entorpecer el paso.

– por favor, la estación de Méndez Álvaro?

La señora del perrito me indicó que tomase la calle a la izquierda. Pero se produjo un giro. Suspiró con sentimiento y dijo:
– ay!, si yo pudiera!
– perdone… cómo dice?
– no, que echo de menos viajar como viajaba antes
– pero… se le ve bien, qué se lo impide?
– es que le veo con la maleta y no puedo evitarlo, lo echo tanto de menos!

En ese momento olvidé Méndez Álvaro y me centré en lo que me decía la señora del perrito.
– ya, pero perdone, Ud. no tiene mal aspecto
– no puede viajar?
– no me lo impide nada
– entonces por qué no lo hace?

ya te digo. Tenía que tomar el autobús para la excursión a Extremadura y no quería perderlo. Pero se abrió un dialogo no previsto.
Estábamos en medio de la acera. Ella con el perrito y yo con la maleta. Dejando a un lado mi prisa y la maleta le pregunté.

– pero por qué precisamente a ella. Te llamó algo la atención?
– nada, nada. La recuerdo en medio la acera. Alta, grande, de unos 70 años. Con un abrigo para el invierno de Madrid, ceñido. Eso sí, con cuello de pelo, como antiguamente.
Bien vestida, con el perrito podría parecer un personaje de un cuadro de finales del XIX escapado a dar una vuelta por Atocha.

– entonces por qué no lo hace?- la señora titubeaba, yo esperaba intrigado.
– los viajes que hacía ya no los puedo hacer.
– perdone, pero por qué dice eso?- Yo seguía intrigado y ella seguía titubeando. A ver.
– es que – y miró alrededor…
– ¿?
– yo era la Gobernanta del Rey
– y claro, los viajes que hacía ya no pueden ser
– …
– estoy jubilada

De la muchas confidencias inesperadas que me han hecho esta me sorprendió. No tenía con la desconocida señora ninguna relación. No me conocía de nada. Era una situación imprevista. Desconfiado miré alrededor. Estarían grabando?

Y empezó a transferirme fluidamente -yo percibía su necesidad a medida que hablaba- sus sentimientos de su vida reciente, que la desbordaban, contenidos.

Entré a trabajar con Don Juan Carlos a los 17 años; teníamos la misma edad. Yo llevaba así recogido el pelo, a los lados. Por eso él siempre me llamó “coletas”; “coletas”, esto; “coletas”, lo otro.
Aunque aún no era rey yo le llamaba “majestad”. Así lo dejaba claro; cuando aún no estaba decidido y habían otros pretendientes.
Me ocupaba de sus cosas, de su ropa. Le atendía personalmente. Más adelante fui su Gobernanta.

LA FAMILIA REAL

Al Rey quien lo quería de verdad era el Caudillo, su padre no. Don Juan nunca perdonó que se lo saltase a él. Y Franco se ocupó del Príncipe -de Juanito-, de sus estudios. Como un padre.
Un día le regaló una moto, la primera. Una Honda negra, preciosa. El príncipe se puso muy contento: Coletas, mira, qué bonita! Anda, vente a probarla!
Era así de alegre.
– pero, majestad!, ahora?, así como voy?
– no te preocupes, ponte el casco y vamos.
Nos fuimos carretera arriba, yo detrás cogida. Era verano y hacía calor. Al pasar por Navas del Marqués paró frente la piscina municipal y dijo de darse un chapuzón.
– pero señor! si no lleva bañador!
– no te preocupes.
Se quitó toda la ropa y quedó ante mi tal como vino al mundo. Echó a correr y se lanzó al agua.
Nada más tirarse desnudo fueron hacia él los monitores, pero claro, en cuanto sacó la cabeza y vieron quién era se quedaron cortados y pidieron disculpas.
Para cuando salió del baño ya le tenía preparada una toalla. Y mientras se secaba expresaba la felicidad del día, del chapuzón y de la moto nueva. Era siempre así.

A Doña Sofía no la nombraba; ¿ha llegado la extranjera? ¿está la extranjera en casa?
Un día fuimos de compras. Se había echado de novia a una canaria, casada, muy guapa y simpática que venía a Madrid a verlo. Íbamos por los pasillos de El Corte Inglés, los dos delante y yo con las bolsas un paso atrás.
En eso que aparece por el frente Doña Sofía acompañada de la Duquesa del Infantado, el Conde de Mayalde y varias más.
Nos quedamos de piedra, y Dª Sofía va y le dice a la canaria:
– Tú, puta, largo de aquí- y encarándose a Don Juan Carlos:
– Y tú, Juanito, no quiero ver más a esa puta y que sepas que esto no va a quedar así. Hoy hablaré con el Caudillo y que haga sucesor a tu primo.
Y a mí, que estaba muerta de miedo, me mandó inmediatamente a Palacio.

– lo que dices está bien pero no tiene sentido que te lo esté contando en la calle, por las buenas, un desconocido.
– además en esas fechas Juan Carlos era el Rey de España. Te viene de una fuente relacionada con la Casa Real. Está claro que desde el principio ese matrimonio apuntaba maneras.
– cierto, por eso desconfié. Miraba a ver si es que me estaban grabando. Pero no era eso. La señora no me contaba a mí. En realidad necesitaba contarlo.

Por eso me atreví y le dije cariñosamente:
– me deja asombrado. Pero -y la miré con respeto- en esa época Ud. tendría unos 18 o 20 años; alta, delgada… bueno, algún requiebro le haría el Príncipe… como poco

La respuesta fue firme:
– ah!, no! De eso nada! En esas cosas El Rey es un caballero. Esas cosas… las dejaba para fuera de casa… no mezclaba.

Terminamos la conversación o perdía mi autobús. Dª Ana tenía la hija, Abogado del Estado, trabajando en el despacho de Rato. No le gustaba lo que veía y se lo quería dejar.

Me despedí cortésmente quedando en visitarla alguna vez.
No lo hice.

Ana V. M. 27.03.2013 Gobernanta del Rey 

Un pensamiento en “HOMENAJE A MADRID (22.11.2017)

  1. Santiago

    Acabo de leer tu envio.
    Sorprende que lo cuente con tanta facilidad.
    Se le podria hacer una buena e interesante entrevista.
    No debes perder el contacto.
    Espero la continuacion de la historia

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