2 DE CÓMO SE ORGANIZÓ LA REPÚBLICA

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LOS INTENTOS DE DEFENDERSE (SIN ÉXITO) DE SUS FANTASMAS
Desde su inicio la distribución y organización de los poderes del Estado (Ley Electoral, Estatuto de Las Cortes), reflejó el recelo existente entre el Presidente (con poderes constitucionales superiores al monarca depuesto) y los representantes políticos electos. Y se materializó en una confrontación que terminará en la disolución de Las Cortes Republicanas por el Presidente de la República Don Niceto Alcalá- Zamora en enero de 1936. Y meses más tarde, en abril, será él destituido a su vez por las nuevas Cortes.
Para el franquismo, la República estuvo sometida a la masonería. Por contra la “nueva” República en donde se mira es en los castizos y sesteantes casinos españoles de capital de provincia -mucho follón, mucho humo; golpes de fichas en el mármol- en los que cohabitan el vocerío campechano y rancios agravios. Es en estos casinos en donde se pone de Presidente al opositor de judicatura -o a un abogado de prestigio- para que se emplee en darles fuste y así los socios se dedican a lo que quieren: pasar la tarde jugando a las cartas o al dòmino.
(el paso por la Presidencia de la República de Don Niceto Alcalá Zamora, como a continuación Don Manuel Azaña, se ajusta significativamente al perfil anterior; se les asigna una alta responsabilidad de Estado pero son tolerados en tanto no se salgan del florero. No en vano ambos ocuparon la Presidencia del Ateneo de Madrid).
La República se magina, se ensueña, se cuece, en las tertulias de los casinos de provincias, y de ese alma nacerá su ser.

Los constituyentes saben de los peligros que esconden las organizaciones sociales, máxime cuando ya no está el paraguas de la Monarquía. Para ello disponen de tal forma que el Presidente de La República sea el árbitro que impida a sus señorías perderse en las frondas de la política. Que haya frondas, pero sin perderse. Don Nice recibe ese encargo.
Se le dota de potestades superiores a las del monarca del Régimen depuesto: capacidad para disolver las Cortes y convocar elecciones; nombrar Jefe del Gobierno consultados los partidos (según la Constitución, el presidente del Consejo de Ministros necesitaba la doble confianza, la del presidente de la República y la de las Cortes); presidir los Consejos de Ministros y refrendar, o no, las leyes.

El Presidente de la República podía imponer algo más que la música: podía conformar el proceso electoral en pro de unos previsibles resultados. Esto conllevó desde el primer momento la inquina de la misma clase política que lo nombró, dando lugar a las subsiguientes dinámicas inversas para neutralizarlo o desmontar sus maniobras. Supuso un borboteo incesante de conciliábulos y acuerdos bajo manga. Y lo mejor, que hasta el propio Presidente participaba en ellos.

Las precauciones derivadas de los temores a que el proyecto republicano pudiera irse a pique -entre otras cosas, por las fuertes diferencias entre los grupos que trajeron la República- no resultaron; en tanto que en el (nuevo) Estado no se generó una dinámica jurídica que asimilase esas discrepancias. En su lugar se optó por aparentar una inexistente unidad. Y, en consecuencia, facultar al Presidente para que interfiriera la labor de los Gobiernos o la vida parlamentaria fue un tremendo error.
A los pocos meses estaban todos hartos de D. Niceto. Todos, a derecha e izquierda, educadamente, hasta que en abril de 1936 lo echan.

LOS PARTIDOS POLÍTICOS
Partidos políticos y organizaciones sindicales de la izquierda obrera. En el mismo PSOE nos encontramos con sectores dispuestos a acatar la legalidad y otros que no tanto. Luego están los anarquistas y los comunistas que se inclinan a favor de posiciones revolucionarias o se abstienen tácticamente. Se produjeron escenarios imprevistos en función de múltiples combinaciones.
Figuras más significativas: Prieto, Largo Caballero, Besteiro (PSOE). Sindicato socialista: UGT.
Grupos anarquistas, comunistas y sindicalistas: Andreu Nin, Ángel Pestaña… Organizaciones anarcosindicalistas (FAI, CNT).
La izquierda obrera (socialdemócratas y comunistas) se integra en el contexto ideológico y emocional de la III Internacional. Y si bien es ambigua respecto al ordenamiento legal (se mueve en el espacio simbólico de la dictadura del proletariado) en las elecciones de febrero de 1936 exterioriza definitivamente la ruptura con la Constitución y la democracia representativa, arrastrando a esta posición a personalidades y partidos de la izquierda cívica.
Partidos políticos de izquierdas y centro-izquierda no obreros (izquierda cívica). Se trata de plataformas políticas o partidos vinculados a personalidades republicanas de izquierda. Tuvieron peso hasta mayo de 1936. No siendo de clase, exhibieron músculo social y mediático, gobernando mediante alianzas. Actuaron como elemento de compensación. Hubo muchas puertas giratorias y fueron la salsa de todos los guisos.
Figura más significativa: Manuel Azaña. Partidos: Izquierda Republicana (Azaña, Casares Quiroga, izquierda), Unión Republicana (Martínez Barrio, centro izquierda, ex- radical).
Es en los dos grupos anteriores donde encontramos los políticos más relevantes, aglutinando a su alrededor las corrientes de opinión y debates políticos más intensos.
El Centro y el Centro Derecha es la parte menos estudiada. Encontramos numerosos partidos republicanos, muchos de implantación local. Al igual que el grupo anterior, hasta la llegada del Frente Popular (aproximadamente enero 1936) dieron mucho juego político articulando múltiples combinaciones.
Sus líderes, por lo general poco brillantes, digamos que de vuelo bajo (Lerroux, Samper, Chapaprieta, Melquíades Álvarez, Portela Valladares… ). El partido más representativo fue el centrista Partido Republicano Radical (Lerroux).
Su influencia, sus cohabitaciones, dieron lugar a cortos episodios de “placidez republicana“.
Hubo mucha movilidad de siglas y militantes. Según las circunstancias se integraban con candidaturas de uno u otro signo buscando reforzar o debilitar una determinada opción.
La corrupción y los escándalos (como siempre en España) los desacreditan. A raíz de esos escándalos, la decisión del Presidente de la República, Don Nice, de disolver las Cortes en diciembre de 1935 y la subsiguiente convocatoria de elecciones legislativas conllevará su desaparición de la escena.
La Derecha política la integran, con una base social y electoral amplia, la CEDA (católicos), los monárquicos Partido Agrario y Renovación Española (Calvo Sotelo). Salvo excepciones no gobernaron, limitándose a respaldar la gobernación. La CEDA (Gil Robles) tuvo presencia mediática y de masas.
Falange Española (José Antonio Primo de Rivera) representó un papel disruptor. El asesinato de su fundador truncó sus expectativas.

LA TRANSVERSALIDAD
Si algo ha quedado claro hasta aquí, echemos un jarro de agua fría. La movilidad, el desfile continuo de figuras políticas entre grupos y partidos más o menos afines fue constante. El modelo electoral, la formación de mayorías y la certidumbre de por dónde saldría Don Niceto dio lugar a numerosas conversaciones y tanteos previos para alcanzar acuerdos y cerrar las candidaturas conjuntas entre partidos -diferentes según las circunscripciones y vuelta- que a su vez se modificaban según se iban conociendo las posiciones del resto.
Las consultas se hacían entre afines pero como se ha visto no había una delimitación, ni programática ni territorial, precisa. También se sondeaba, si no directamente, a través de conocidos, a formaciones distantes.
Por último, se le hacían al Presidente para saber su disposición hacia las posibles combinaciones (no tenía sentido empeñarse en fórmulas que se estrellasen en el rechazo presidencial).
Las transacciones era habituales también durante el escrutinio de los votos (correspondía a la Mesa de Las Cortes, no a los Jueces como actualmente), como reajuste de los partidos al complicado proceso electoral. De todo ello se ponía en antecedentes al Presidente.
Y es que lo bizarro y el mestizaje fueron constantes. Figuras monárquicas que se hacían republicanas (el propio Don Niceto); el emperador del Paralelo (Lerroux), el Lenin español (Largo Caballero), Pasionaria, El Campesino… la república estuvo poblada por personajes salidos del casticismo español del s. XIX.
La amistad personal o un trato social intenso no era infrecuente entre adversarios. Recordemos la relación entre José Antonio con personajes como García Lorca, Unamuno, Prieto o Ángel Pestaña
Gil Robles incorporó en una de las candidaturas a José Antonio, para librarlo de la cárcel. Similar hicieron los partidos de la izquierda para evitar las condenas del 34.
En 1936, el ostracismo, la persecución o la violencia se emplearán contra amigos y enemigos (Alcalá Zamora, Calvo Sotelo, Muñoz Seca, Andreu Nín, Arturo Barea, Chaves Nogales, Clara Campoamor… )


Y a continuación…

 

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4 LA CULTURA POLITICA CLICAR AQUÍ (4minutos)
5 LOS PASTELEOS DE DON NICE CLICAR AQUÍ (7 minutos)
6 TODO ACABA EN EL 36 CLICAR AQUÍ (minutos)
7 LA REVOLUCION CLICAR AQUÍ (4 minutos)
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9 MI REPÚBLICA CLICAR AQUÍ (7 minutos)

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