1/ 3. PARA COMPRENDER LA II REPUBLICA ESPAÑOLA. LO QUE NO TE CONTARON (12.04.17)

A pesar de su corta existencia no hay una sola II República Española sino múltiples y contradictorias.

El periodo republicano fue breve (desde 14.04.1931 hasta poco más allá de julio de 1936) e irregular. Y en esa brevedad se produjeron numerosos sobresaltos culminando en febrero de 1936 en la tormenta perfecta de la mano del Frente Popular.

También hubo pronunciamientos militares y cuarteladas, algo habitual durante la monarquía alfonsina. Y los nacionalistas se emplearon a fondo desde su misma proclamación en torno a los reflujos habituales: descentralización, mayor autonomía y, por último en abierto desafío a la República, independencia (y no por este orden). 

(Por contra el franquismo, duró 39 años y -si bien careció de representatividad democrática- evolucionó de forma coherente, iniciándose a finales de los años 50 un crecimiento sostenido hasta su extinción. En ese tiempo la Administración del Estado se modernizó consolidándose una sociedad de clases medias.)

El ascenso de Hitler y Stalin al primer plano del escenario europeo, la posterior sublevación del Ejército en julio de 1936 y la subsiguiente Guerra Civil  acabó descarrilando el proyecto histórico, genuino,  de la II República Española.

En su arranque, con la proclamación de la República se alcanza una tierra prometida de leche y miel. Lo cual es explicable siendo la salida que busca la parte más preparada de la sociedad española, exasperada con una monarquía desacreditada y atendiendo un clamor popular. Por otra parte adquiere protagonismo la clase trabajadora -fortalecida recientemente a partir de la bonanza económica con la I Guerra Mundial y el Directorio de Primo de Rivera- y que se mueve en el marco emocional y doctrinal de la Internacional Socialista y el anarquismo.

Su inicial declaración programática como “una República de Trabajadores“, en opinión de Salvador de Madariaga, resultó demagógica y tuvo consecuencias negativas dada la deriva posterior del contexto internacional. A similar conclusión llega el nefasto Largo Caballero en sus Memorias, pasados el calentón revolucionario y la ulterior derrota.

La República gozó de bellos y breves momentos. Alternó episodios convulsos con situaciones de libertad creadora. La vieja España de la monarquía antigua, con el poder en manos de los de siempre, se pensó superada. Los españoles dispondrían de un Estado democrático y moderno, lo que junto con el buen clima y la placidez que nos caracteriza, para algunos, sería suficiente.

Varios elementos dieron al traste, desde su arranque, con esta República ideada, de fugaces destellos.

A nivel interno, la acumulación de cuestiones de calado derivadas de históricos desequilibrios sociales así como las exigencias de modernización de la sociedad: la Instrucción Pública, la cuestión agraria, la influencia de la Iglesia y el Ejército, las demandas de un mayor protagonismo de las clases trabajadoras.  Las pulsiones territoriales se hicieron perentorias.

La República se cree capaz de solucionar estos problemas, para lo que la Monarquía estaba desacreditada. 

A nivel externo, la coyuntura internacional derivada del triunfo de la revolución sovietista, en el marco de la III Internacional, da paso a la Rusia de Stalin, enfrentado (y asociado) con Hitler por el dominio de Europa. Este escenario va a acelerar y subordinar el clima social y político de la República y, de forma determinante, la guerra civil posterior.

La Arquitectura de la República: el Presidente.

Desde su inicio la distribución y organización de los poderes del Estado (Ley Electoral, Estatuto de Las Cortes),  fue causa de un recelo permanente entre el Presidente (con poderes constitucionales de monarca) y los representantes políticos electos. Confrontación que abocará definitivamente en la disolución de Las Cortes Republicanas por el Presidente de la República D. Niceto  Alcalá Zamora a finales del 1935. Y meses más tarde, en abril de 1936, será él destituido a su vez por las nuevas Cortes.

Para el franquismo, la República estuvo sometida a la masonería. Por contra la “nueva” República en donde se mira es en los castizos y sesteantes casinos españoles de capital de provincia; mucho humo; golpes de fichas en el mármol; en los que cohabitan el vocerío campechano y rancios agravios. Es en estos casinos en donde se hace Presidente al opositor de judicatura -o a un abogado de prestigio- para que se emplee en darle fuste y así los socios se dedican a lo que realmente quieren: pasar las tardes jugando a las cartas y discutiendo. 

(El paso por la Presidencia de la República de Don Niceto Alcalá Zamora como a continuación Don Manuel Azaña  se ajusta significativamente al perfil anterior; se les asigna una alta responsabilidad de Estado pero son tolerados en tanto no se salgan del florero. No en vano ambos ocuparon la Presidencia del Ateneo de Madrid). 

La República se magina, se ensueña, se cuece, en las tertulias del Ateneo de Madrid y de ese alma nacerá su ser. 

Los constituidos saben de los peligros que se esconden tras las organizaciones sociales, máxime cuando ya no está el paraguas de la Monarquía. Para ello disponen de tal forma que el Presidente de La República sea el árbitro que impida a sus señorías perderse en las frondas de la política. Que haya frondas, pero sin perderse.  Y D. Niceto recibe el encargo de ello.

Se le dota de potestades similares a las del monarca del Régimen depuesto: capacidad para disolver las Cortes y convocar elecciones; nombrar Jefe del Gobierno consultados los partidos; presidir los Consejos de Ministros y refrendar, o no, las leyes.

El Presidente de la República podía imponer algo más que la música: podía conformar el proceso electoral en pro de unos previsibles resultados. Esto conllevó desde el primer momento la inquina de la misma clase política que lo nombró, dando lugar a las subsiguientes dinámicas inversas para neutralizarlo o desmontar sus maniobras. Supuso un borboteo incesante de conciliábulos y acuerdos bajo manga. Y lo mejor, que hasta el propio Presidente participaba en ellos.

A los pocos meses estaban todos contra D. Niceto. Todos, a derecha e izquierda, educadamente, hasta que en abril de 1936 lo echan hartos de sus maniobras.

Partidos políticos y organizaciones sociales en la República

Partidos políticos y organizaciones sindicales de la izquierda obrera. En el mismo PSOE nos encontramos con sectores dispuestos a acatar la legalidad y otros no tanto. Luego están los anarquistas y los comunistas que se inclinan a favor de posiciones revolucionarias o se abstienen tácticamente. Se produjeron escenarios imprevistos en función de múltiples combinaciones.

Figuras más significativas: Prieto, Largo Caballero, Besteiro (PSOE). Sindicato socialista: UGT.

Grupos anarquistas, comunistas y sindicalistas: Andreu Nin, Ángel Pestaña… Organizaciones anarcosindicalistas (FAI, CNT).

La izquierda obrera (socialdemócratas, anarquistas y comunistas) se verá afectada por el contexto ideológico, emocional e histórico de la III Internacional. Y si bien es ambigua respecto al ordenamiento legal (marco simbólico de una dictadura del proletariado) en el proceso electoral que se inicia en febrero de 1936 materializa la ruptura formal con la Constitución de 1931 y con la democracia representativa, arrastrando a esta posición a personalidades de la izquierda no obrera.

Partidos políticos de izquierdas y centro-izquierda no obreros. Se trata de plataformas políticas o partidos vinculados a personalidades republicanas de izquierda. Tuvieron peso hasta mayo de 1936. No siendo de clase, exhibieron músculo social y mediático, gobernando mediante alianzas. Hubo muchas puertas giratorias y fueron la salsa de todos los guisos.

Figura más significativa: Manuel Azaña. Partidos: Izquierda Republicana (izquierda), Unión Republicana (Martínez Barrio, centro izquierda).

Es en los dos grupos anteriores de la izquierda donde encontramos los políticos más relevantes, aglutinando a su alrededor las corrientes de opinión y debates políticos más intensos.

El Centro y el centro derecha es la parte menos estudiada. Encontramos numerosos partidos republicanos, muchos de implantación local, de centro y centro-derecha. Al igual que el grupo anterior, hasta la llegada del Frente Popular  (aproximadamente marzo de 1936) dieron mucho juego político articulando múltiples combinaciones.

Sus líderes, por lo general poco brillantes, digamos que de vuelo bajo (Lerroux, Samper, Chapaprieta, Melquíades Álvarez…). El partido más representativo fue el centrista Partido Republicano Radical (Lerroux). 

Su influencia, sus cohabitaciones, dieron lugar a cortos episodios de  “placidez republicana”. 

Hubo mucha movilidad de siglas y militantes. Según las circunstancias del momento se integraban con candidaturas de uno u otro signo buscando reforzar o debilitar una determinada opción.

La corrupción y los escándalos (como siempre en España) los desacreditan. A raíz de esos escándalos, la decisión del Presidente de la República, Don Niceto, de disolver las Cortes en octubre de 1935 y la subsiguiente convocatoria de elecciones legislativas conllevará su desaparición de la escena. 

La Derecha política la integran, con una base social y electoral amplia, la CEDA (católicos), los monárquicos Partido Agrario y Renovación Española (Calvo Sotelo). Salvo excepciones no gobernaron, limitándose a respaldar  la gobernación. La CEDA (Gil Robles) tuvo una presencia mediática y de masas notable.

Igualmente los grupos de Falange Española (José Antonio Primo de Rivera).

Como hemos visto la compleja Ley Electoral de la República de doble vuelta permitía múltiples combinaciones de candidaturas diferentes para cada circunscripción y vuelta.  La dinámica que imprime la convocatoria de elecciones de febrero del 36 supondrá la decantación del voto entre el Frente Popular (Izquierdas) y las candidaturas antirrevolucionarias (Derechas). Pasados los comicios se quedan prácticamente sin representación parlamentaria los partidos de centro derecha, centro y centro izquierda. A continuación en el proceso de radicalización y violencia asociados al recuento electoral y proclamación de resultados,  los partidos republicanos de derecha, centro derecha, centro y (casi) centro izquierda desaparecerán de la calle. Iniciada la contienda apenas quedará testimonialmente Izquierda Republicana (Azaña) junto con los partidos y organizaciones obreras de izquierdas y Milicias Populares. Entonces la República se verá descarrilada por dinámicas ajenas a su proyecto político (el proceso revolucionario interno, la guerra civil y el crítico contexto internacional).

La transversalidad.

Si algo ha quedado claro hasta aquí, echemos un jarro de agua fría. La movilidad, el deslizamiento continuo de figuras políticas entre grupos y partidos más o menos afines fue constante. El modelo electoral, la formación de mayorías y la incertidumbre de por dónde saldría D. Niceto dio lugar a numerosas conversaciones y tanteos previos para la confección de las candidaturas conjuntas entre partidos y diferentes según las circunscripciones y vuelta, que a su vez se modificaban según se conocían las posiciones del resto.

Esto tiene que quedar muy claro. Las consultas se hacían entre partidos afines pero como se ha visto no había una delimitación, ni programática ni territorial, precisa.  También se sondeaba, si no directamente, a través de conocidos, a los partidos más distantes. Por último, se hacían consultas al Presidente para saber su disposición hacia posibles listas. Prácticamente todos se tanteaban sobre las intenciones del resto.

Andrés Trapiello lo señala. Cuando se desata la persecución y el miedo (más allá de los tradicionales disturbios callejeros), antes del levantamiento militar, la violencia se dirige también contra los del bando propio pretendiendo algo que no se daba en la sociedad española de la época, en la que el adversario no era el enemigo si no que en muchas ocasiones se compartía amistad personal o un trato social en ocasiones intenso.

Y es que el mestizaje político fue constante incluso con figuras monárquicas que acabaron en formaciones republicanas.

Por supuesto esto no era así entre las formaciones más extremas del espectro político. Pero sí hubo relaciones personales significativas como por ejemplo entre García Lorca y Jose Antonio. O los contactos mantenidos entre Jose Antonio y Ángel Pestaña. Y entre ciudadanos anónimos que en un momento dado evitaban abusos de cualquier lado.

Por otra parte en los momentos más convulsos las represalias vendrán del fuego amigo dentro de los propios partidos de la izquierda: Durruti, Andreu Nin, Arturo Barea, Chaves Nogales, Clara Campoamor y tantos y tantos otros.


No pude terminar La Guerra Civil española de Thomas. Aparte de la lista de paseíllos y desmanes variados -que si no fueran trágicos serían chuscos- la conclusión que se saca con su lectura es que la República tenía ya un problema al margen de la sublevación militar.

(En opinión de Clara Campoamor, el gran error de la República frentepopulista fue radicalizarse, más, en torno al alzamiento y entregar armas a las Milicias Populares; con lo que marcó un punto sin retorno.)

No me cuadra que se pretendiese otorgar la legitimidad sin más a un bando incapaz de saber qué quería y en el que se aniquilaban entre ellos.
Hay episodios, como el de Pablo Cassals y los anarquistas que se lo llevaron, en el que queda retratado nítidamente el periodo.
Años más tarde se ha documentado que el editor –Martínez Guerricabeitia (Ruedo Ibérico)– distorsionó y ocultó datos significativos del original inglés para favorecer al bando republicano. Esta práctica se hizo norma y ha contribuido a instaurar un “relato republicano” desde la mitificación frentepopulista y la idealización.


Nacido en el 45, desde pequeño pude hablar de lo ocurrido con personas de mi entorno. Recuerdo las referencias de mi madre al periodo de la “revolución“, que no se correspondían con lo que dábamos en el colegio.

Algunos conocidos que venían por casa recordaban hastiados lo que fue el hundimiento del frente de Aragón y el regreso a pie en condiciones penosas, con los pertrechos abandonados y los mandos huidos.

Por último en el 62 en un viaje al sur Francia en una excursión a una ermita abandonada entre pinos mediterráneos, me llamó la atención en la ermita de Saint Férreol las pintadas en español en las paredes. Eran lamentos desgarrados de refugiados españoles maldiciéndose y sintiéndose engañados por todo lo que habían pasado y vivido en la guerra civil.

Está claro que el franquismo se equivocó echando un manto de silencio sobre lo ocurrido. Poniendo a todos en el mismo saco (a la República y a los republicanos, masonesjudiosmarxistas, en la expresión de la época) nos privó de la lucidez de juicio sobre el periodo.
Cuando, a partir de los 60 fueron regresando los republicanos se puede imaginar el asombro de algunos al comprobar que tenían un folio en blanco para reconstruir su relato. Y vaya que lo hicieron.

Reconociendo que fue periodo complejo y convulso, la República tuvo sus momentos brillantes con un horizonte de esplendor nunca alcanzado.

Estos comentarios personales, originalísimos y políticamente incorrectos, son el resultado de lecturas a lo largo de años y recogen también los testimonios directos de personas a las que les tocó vivir aquella experiencia.


A CONTINUACIÓN, NO TE PIERDAS “PARA COMPRENDER LA II REPUBLICA ESPAÑOLA. LA ARQUITECTURA DE LA REPÚBLICA”.

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