PARA COMPRENDER LA II REPUBLICA. LO QUE NO TE CONTARON. (1.11.17)

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ANTES DE SEGUIR ACLAREMOS LAS DIFERENCIAS

MARIANA

 

Existieron grandes discrepancias, de clase, ideológicas, programáticas… entre los grupos que conformaron el proyecto republicano. Esas diferencias no impidieron la vigorosa vida política ni tampoco que en los momentos difíciles se presentasen ante la opinión pública unidos como una piña.

En la Izquierda encontramos una singularidad; el patrón cultural que alimentaba la vida de los partidos no era el mismo. Unos venían de la tradición política de las democracias occidentales (partidos republicanos de izquierda) mientras que la izquierda obrera seguía las pautas del movimiento aglutinado en torno a las Internacionales Socialistas.  

Esas diferencias supusieron, al ser soslayadas o evitadas, una limitación en el desarrollo constitucional del nuevo Régimen. La cultura política no era la misma. 

Para unos, con la proclamación de La Republica España alcanzaría a tener un Estado democrático moderno.

Para los partidos obreros no era exactamente así. Se producía una exaltación de los símbolos, del proyecto, de la unidad frente a los enemigos de la república. Y si bien es cierto que no había una actitud contraria a la Constitución mantuvieron una fuerte ambigüedad, lo que les permitía rechazar lo que considerasen inconveniente, según el momento.

Esta actitud ha dado lugar a muchos problemas. Uno de ellos es la dificultad de identificar posiciones políticas. Por eso se suele afirmar, equívocamente, que “en 1936 con la llegada del Frente Popular se produjo la ruptura con la constitución… ”. Se trata de expresiones retóricas pues hacía tiempo que se había abandonado el proyecto republicano, sin proclamarlo.

A las lecturas sobre la época les es imposible sustraerse a esta limitación y, en parte, de ahí viene la complejidad del período: su agobiante dualidad y ambigüedad.

Las diferencias, pues, además de clase o programáticas, por decirlo de alguna manera serán culturales. La izquierda obrera desde los inicios mantuvo su mitología de combate y su compleja estructura simbólica a salvo de la contaminación con la realidad.

Por contra los partidos republicanos procedían de la retórica parlamentaria del xix, desarrollada a partir de las respectivas matrices nacionales. El advenimiento de la República implicó la renovación, sin perjuicio de que continuasen singularmente modos y oratorias de la época anterior. Evolucionarán en el marco de las democracias representativas y deberán hacer un desarrollo jurídico de la Arquitectura constitucional del Estado.

No va a ser igual en la izquierda obrera. Su puesta en escena, más que en la actividad parlamentaria, estaba en la calle, en la actividad sindical y con un discurso de fácil difusión.

Proyectaban el potente imaginario (socialista, anarquista) construido a partir de la internacionalización de las organizaciones obreras y el triunfo de la Revolución Rusa.
Este imaginario que se desenvuelve en un plano simbólico y -al contrario del desarrollo jurídico de las democracias representativas- se nutre, a partir de sus mitos iniciales, de paraísos y dictaduras del proletariado, totalitarismo, pacifismo, igualdad, revancha y destrucción del orden jurídico… Y va acompañado de símbolos, carteles, canciones, uniformes, desfiles y –dependiendo de la aceleración del contexto internacional- lucha, atentados, violencia, etc…

No se malinterprete. Hay un recurso extensivo a la violencia y no es exclusivo de la izquierda. La cuestión está en que los partidos obreros rechazan el orden jurídico al considerarlo burgués y sustituyen los mecanismos representativos por asambleas, consultas, manifestaciones (y con los populismos, referéndums) y, por supuesto en último extremo, el recurso a la violencia.

A los partidos y organizaciones que integraron este bloque en ningún momento les pasó por la cabeza ni renunciar ni revisar esos esquemas simbólicos en función de las colusiones que se producían con la realidad jurídica ni con la realidad social ni con la propia Constitución. 


A pesar de su corta existencia no hay una sola II República sino múltiples y contradictorias.
El periodo republicano fue breve (desde 14.04.1931 hasta poco más allá de julio de 1936) e irregular. Y en esa brevedad se produjeron numerosos sobresaltos, culminando en febrero de 1936 en la tormenta perfecta de la mano del Frente Popular.
También hubo pronunciamientos militares y cuarteladas, algo habitual en la monarquía alfonsina. Y los nacionalistas se emplearon a fondo desde su misma proclamación en torno a los reflujos habituales: descentralización, mayor autonomía e independencia.

(Por contra el franquismo, duró 39 años y -si bien careció de representatividad democrática- evolucionó de forma coherente, iniciándose a finales de los años 50 un crecimiento sostenido hasta su extinción. En ese tiempo la Administración del Estado se modernizó consolidándose una sociedad de clases medias.)

PRIMERA PARTE. LA LLEGADA DE LA REPÚBLICA

LAS EXPECTATIVAS INICIALES
En su arranque, con la proclamación de la República se alcanza una tierra prometida de leche y miel. Lo cual es explicable siendo la salida que busca la parte más preparada de la sociedad española, exasperada con una monarquía desacreditada y atendiendo al clamor popular. Por otra parte adquiere protagonismo la clase trabajadora -fortalecida recientemente a partir de la bonanza económica con la I Guerra Mundial y el Directorio de Primo de Rivera– y que se mueve en el marco emocional y doctrinal de la Internacional Socialista y el anarquismo.
Su inicial declaración programática como “una República de Trabajadores“, en opinión de Salvador de Madariaga, resultó demagógica y de consecuencias negativas dada la deriva posterior del contexto internacional. A similar conclusión llega el nefasto Largo Caballero en sus memorias, ya en el exilio.
La República gozó de bellos y breves momentos. Alternó episodios convulsos con situaciones de libertad creadora. La vieja España de la monarquía antigua, con el poder en manos de los de siempre, se pensó superada. Los españoles dispondrían de un Estado democrático y moderno, lo que junto con el buen clima y la placidez que nos caracteriza, para algunos, parecería suficiente.

LA ESPAÑA QUE HEREDÓ LA REPUBLICA
La República se encontró con una acumulación de cuestiones de calado derivadas de históricos desequilibrios sociales así como con las exigencias de modernización que no habían sido atendidas por el anterior Régimen.
Pervivencia de patrones sociales anacrónicos (caciquismo, Administración arcaica, injerencia de la Iglesia en la vida ordinaria, clientelismo); atraso rural con población en régimen de casi servidumbre; la Instrucción y la Sanidad públicas prácticamente inexistentes. Y sin olvidar la influencia del Ejército en la política (de la mano del rey).
Por otra parte, a partir de la bonanza económica con la I Guerra Mundial y el Directorio de Primo de Rivera, el fortalecimiento de las organizaciones obreras se hizo presente, junto con el clima de reivindicaciones y agitación callejera.
La República se piensa capaz de solucionar estos problemas, para los que la Monarquía no supo ni quiso dar solución.

EL ENTORNO INTERNACIONAL QUE EVOLUCIONÓ
A nivel externo cobra importancia la coyuntura internacional derivada del triunfo de la revolución sovietista, en el marco de la III Internacional. Seguida de la ascensión de Hitler y el nazismo en Alemania, con sus agresivas políticas hegemónicas de anexión. Este escenario va a acelerar y subordinar el clima social y político.
Hitler y Stalin, se enfrentarán (y se asociarán) por el dominio de Europa. La precipitación de acontecimientos, de crispación dialéctica primero y la sucesión de hechos de violencia desatada después, junto con la ausencia de contrapesos democráticos a nivel europeo, definirán el periodo.
La querencia de los partidos de la izquierda obrera (en la dialéctica, en la simbología, en la exaltación) hacia la URSS fue determinante. Al final triunfaron las tesis de los sectores más proclives dentro del PSOE (Largo Caballero) produciéndose una aproximación al joven PC que llevó a la República inevitablemente a su subordinación a la URSS.
Y este escenario, iniciada la Guerra Civil, es el que va a definir el clima emocional y político de la agonía de la República.

SEGUNDA PARTE. DE COMO SE ORGANIZÓ LA REPÚBLICA

LOS INTENTOS DE DEFENDERSE (SIN ÉXITO) DE SUS FANTASMAS
Desde su inicio la distribución y organización de los poderes del Estado (Ley Electoral, Estatuto de Las Cortes), reflejó el recelo existente entre el Presidente (con poderes constitucionales de monarca) y los representantes políticos electos. Y se materializó en una confrontación que terminará en la disolución de Las Cortes Republicanas por el Presidente de la República Don Niceto Alcalá- Zamora en enero de 1936. Y meses más tarde, en abril, será él destituido a su vez por las nuevas Cortes.
Para el franquismo, la República estuvo sometida a la masonería. Por contra la “nueva” República en donde se mira es en los castizos y sesteantes casinos españoles de capital de provincia -mucho humo; golpes de fichas en el mármol- en los que cohabitan el vocerío campechano y rancios agravios. Es en estos casinos en donde se hace Presidente al opositor de judicatura -o a un abogado de prestigio- para que se emplee en darles fuste y así los socios se dedican a lo que quieren: pasar la tarde jugando a las cartas o al dòmino.
(El paso por la Presidencia de la República de Don Niceto Alcalá Zamora, como a continuación Don Manuel Azaña, se ajusta significativamente al perfil anterior; se les asigna una alta responsabilidad de Estado pero son tolerados en tanto no se salgan del florero. No en vano ambos ocuparon la Presidencia del Ateneo de Madrid).

La República se magina, se ensueña, se cuece, en las tertulias del Ateneo de Madrid y de ese alma nacerá su ser.

Los constituidos saben de los peligros que esconden las organizaciones sociales, máxime cuando ya no está el paraguas de la Monarquía. Para ello disponen de tal forma que el Presidente de La República sea el árbitro que impida a sus señorías perderse en las frondas de la política. Que haya frondas, pero sin perderse. D. Niceto recibe ese encargo.
Se le dota de potestades superiores a las del monarca del Régimen depuesto: capacidad para disolver las Cortes y convocar elecciones; nombrar Jefe del Gobierno consultados los partidos; presidir los Consejos de Ministros y refrendar, o no, las leyes.
El Presidente de la República podía imponer algo más que la música: podía conformar el proceso electoral en pro de unos previsibles resultados. Esto conllevó desde el primer momento la inquina de la misma clase política que lo nombró, dando lugar a las subsiguientes dinámicas inversas para neutralizarlo o desmontar sus maniobras. Supuso un borboteo incesante de conciliábulos y acuerdos bajo manga. Y lo mejor, que hasta el propio Presidente participaba en ellos.
Las precauciones derivadas de los temores a que el proyecto republicano pudiera irse a pique -entre otras cosas, por las fuertes diferencias entre los grupos que trajeron la República- fueron contraproducentes; en tanto que el (nuevo) Estado no generó una dinámica que asimilase las discrepancias. En su lugar se aparentaba una inexistente unidad. Y, en consecuencia, facultar al Presidente para que interfiriera la labor de los Gobiernos o la vida parlamentaria fue un tremendo error.
A los pocos meses estaban todos hartos de D. Niceto. Todos, a derecha e izquierda, educadamente, hasta que en abril de 1936 lo echan.

LOS PARTIDOS POLÍTICOS
Partidos políticos y organizaciones sindicales de la izquierda obrera. En el mismo PSOE nos encontramos con sectores dispuestos a acatar la legalidad y otros que no tanto. Luego están los anarquistas y los comunistas que se inclinan a favor de posiciones revolucionarias o se abstienen tácticamente. Se produjeron escenarios imprevistos en función de múltiples combinaciones.
Figuras más significativas: Prieto, Largo Caballero, Besteiro (PSOE). Sindicato socialista: UGT.
Grupos anarquistas, comunistas y sindicalistas: Andreu Nin, Ángel Pestaña… Organizaciones anarcosindicalistas (FAI, CNT).
La izquierda obrera (socialdemócratas y comunistas) se verá afectada por el contexto ideológico, emocional e histórico de la III Internacional. Y si bien es ambigua respecto al ordenamiento legal (se mueve en el marco simbólico de la dictadura del proletariado) en las elecciones de febrero de 1936 materializa definitivamente la ruptura con la Constitución y la democracia representativa, arrastrando a esta posición a personalidades de la izquierda no obrera.
Partidos políticos de izquierdas y centro-izquierda no obreros. Se trata de plataformas políticas o partidos vinculados a personalidades republicanas de izquierda. Tuvieron peso hasta mayo de 1936. No siendo de clase, exhibieron músculo social y mediático, gobernando mediante alianzas. Hubo muchas puertas giratorias y fueron la salsa de todos los guisos.
Figura más significativa: Manuel Azaña. Partidos: Izquierda Republicana (izquierda), Unión Republicana (Martínez Barrio, centro izquierda).
Es en estos dos grupos anteriores donde encontramos los políticos más relevantes, aglutinando a su alrededor las corrientes de opinión y debates políticos más intensos.
El Centro y el Centro Derecha es la parte menos estudiada. Encontramos numerosos partidos republicanos, muchos de implantación local. Al igual que el grupo anterior, hasta la llegada del Frente Popular (aproximadamente febrero 1936) dieron mucho juego político articulando múltiples combinaciones.
Sus líderes, por lo general poco brillantes, digamos que de vuelo bajo (Lerroux, Samper, Chapaprieta, Melquíades Álvarez… ). El partido más representativo fue el centrista Partido Republicano Radical (Lerroux).
Su influencia, sus cohabitaciones, dieron lugar a cortos episodios de “placidez republicana“.
Hubo mucha movilidad de siglas y militantes. Según las circunstancias se integraban con candidaturas de uno u otro signo buscando reforzar o debilitar una determinada opción.
La corrupción y los escándalos (como siempre en España) los desacreditan. A raíz de esos escándalos, la decisión del Presidente de la República, Don Niceto, de disolver las Cortes en diciembre de 1935 y la subsiguiente convocatoria de elecciones legislativas conllevará su desaparición de la escena.
La Derecha política la integran, con una base social y electoral amplia, la CEDA (católicos), los monárquicos Partido Agrario y Renovación Española (Calvo Sotelo). Salvo excepciones no gobernaron, limitándose a respaldar la gobernación. La CEDA (Gil Robles) tuvo presencia mediática y de masas.
Falange Española (José Antonio Primo de Rivera) representó un papel disruptor. El asesinato de su fundador truncó sus expectativas.

TODO ACABA EN EL 36
La dinámica que imprime la convocatoria de las elecciones de febrero del 36, en un clima desbordado y de intimidación, precipitará la atribución, por la Mesa de las Cortes, de la Mayoría parlamentaria al Frente Popular (Izquierda) y a las candidaturas antirrevolucionarias (Derecha) la Minoría, desapareciendo prácticamente el Centro, el Centro Derecha y el Centro Izquierda.
Al poco perderán presencia pública; quedando únicamente los partidos obreros de izquierda junto a sus sindicatos, Milicias Populares, organizaciones y comités obreros… Lo anterior se aplica también a los periódicos, boletines, asociaciones, etc…

De los partidos republicanos no obreros, continuará la actividad de Izquierda Republicana (Azaña) y alguno más (Unión Republicana – Martínez Barrio), con una intervención política y social muy significativas.
La República termina descarrilada por dinámicas ajenas a su proyecto original: la descomposición que supuso el proceso revolucionario, la guerra civil y el crítico contexto internacional.

LA TRANSVERSALIDAD
Si algo ha quedado claro hasta aquí, echemos un jarro de agua fría. La movilidad, el desfile continuo de figuras políticas entre grupos y partidos más o menos afines fue constante. El modelo electoral, la formación de mayorías y la certidumbre de por dónde saldría Don Niceto dio lugar a numerosas conversaciones y tanteos previos para alcanzar acuerdos y cerrar las candidaturas conjuntas entre partidos -diferentes según las circunscripciones y vuelta- que a su vez se modificaban según se iban conociendo las posiciones del resto.
Las consultas se hacían entre afines pero como se ha visto no había una delimitación, ni programática ni territorial, precisa. También se sondeaba, si no directamente, a través de conocidos, a formaciones distantes. Por último, se le hacían al Presidente para saber su disposición hacia las posibles combinaciones.
Y es que lo bizarro y el mestizaje fueron constantes. Figuras monárquicas que se hacían republicanas (el propio Don Niceto); el emperador del Paralelo (Lerroux), el Lenin español (Largo Caballero), Pasionaria… la república estuvo poblada por personajes salidos del casticismo español del s. XIX.
La amistad personal o un trato social intenso no era infrecuente entre adversarios. Recordemos la buena relación entre José Antonio con personajes como García Lorca, Unamuno, Prieto o Ángel Pestaña…
Con la llegada de 1936, el ostracismo, la persecución o la violencia se desatarán contra amigos y enemigos (Andreu Nín, Arturo Barea, Chaves Nogales, Clara Campoamor… )

TERCERA PARTE: LOS ERRORES DE LA REPÚBLICA

EL PRESIDENTE COMO UN MONARCA BORBÓN
La República se proclama el 14 de abril de 1931 tras unas elecciones municipales en las que concejales republicanos obtienen mayoría en las principales ciudades.
Deseada -como también lo fue Fernando VII– lo cierto es que su proclamación pilla de sorpresa a todos. Sin Constitución ni Cortes Constituyentes.
Se nombra Jefe del Gobierno Provisional a Don Niceto Alcalá- Zamora -abogado de prestigio, monárquico y católico- y a continuación se convocan elecciones legislativas para constituir Las Cortes Republicanas y aprobar la Constitución.
Sin embargo, a la hora de su construcción la República no supo establecer un sólido espacio jurídico, más allá de lo meramente simbólico.
Sorpresivamente la Constitución republicana otorga al Presidente la potestad de disolver las Cortes y convocar elecciones legislativas. También le otorga la capacidad de designar al Jefe del Gobierno (Presidente del Consejo de Ministros) independientemente de la aritmética parlamentaria. Y también preside el Consejo de Ministros, refrendando, o no, sus disposiciones.
Teniendo en cuenta que al monarca depuesto se le reprocha justificadamente haber desbordado su papel institucional interviniendo a su antojo en la política y en el ejército, la única explicación plausible a estas prerrogativas, además de la voluntad de los constituyentes de asignar a su figura una instancia final de arbitraje, estaría en los recelos mutuos -simplemente las grandes diferencias- entre los grupos que integran el proyecto republicano.
Posiblemente se quiera evitar que en el proceso de construcción y consolidación republicanos se produzcan desbordamientos, a derecha o a izquierda, dentro de las mismas fuerzas que lideran su proclamación y, en algún caso, derivados de la misma agitación en la calle.
Sin embargo reconocer al Presidente la atribución de interpretar los resultados electorales una vez finalizada la consulta, tuvo consecuencias negativas. Supuso la renuncia a estructurar jurídicamente los poderes del Estado, estableciendo en su lugar una ambigua función de tutela.

LA COMPLICADA LEY ELECTORAL
En puridad el Acta de Diputado se obtiene mediante el sufragio universal directo y secreto. Al pretender evitar a toda costa la dispersión del voto y conseguir una Mayoría y Minoría parlamentarias, la Ley Electoral lo complicó. Con las candidaturas mixtas se pretendía concentrar el voto y evitar la fragmentación de los partidos. Figurar en una misma candidatura podía suponer alguna afinidad o voluntad de coincidencia, pero poco más. Estar en una candidatura no implicaba compartir programa ni tampoco un apoyo parlamentario futuro. Por ello el resultado fue cuanto menos variopinto.
(Al final las listas reflejaban el mercadeo político resultado de las negociaciones y conversaciones entre los partidos y el Presidente. Gil Robles incorporó en una de las candidaturas a José Antonio Primo de Rivera, para librarlo de la cárcel. Similar hicieron los partidos de la izquierda para evitar las condenas del 34. De todo ello se ponía en antecedentes al Presidente. Las transacciones fueron habituales también durante el escrutinio de los votos).
El sistema funcionaba a dos vueltas, Para la obtención del Acta de Diputado se necesita un mínimo del 40% de los sufragios. El candidato que no obtenga un 40% de los votos queda eliminado. Las listas son abiertas y las candidaturas pueden ser mixtas, con agrupaciones de partidos diferentes en cada provincia, teniendo en cuenta que un mismo candidato puede presentarse por varias.
Si en una circunscripción ninguna lista alcanza el 40% en la primera vuelta, se va a la segunda vuelta, si bien solo pueden volver a presentarse los que hayan quedado por encima del 8%. Sin embargo sí se pueden presentar candidatos nuevos.

LA INTERLOCUCIÓN CON EL PRESIDENTE
En este contexto los partidos sondearán la disposición del Presidente, en evitación de complicaciones posteriores y con el objeto de cerrar con los menores problemas las listas mixtas dentro de la brevedad de la convocatoria.
Para los Partidos carece de sentido presentarse en solitario, para luego quedar por debajo del 40%, por lo que harán numerosas combinaciones entre formaciones más o menos afines a fin de concentrar votos y escaños. Un mismo candidato se podía presentar en varios distritos y tiraba de votos. Efectuado el sufragio los escaños se asignan a los partidos políticos, premiando la Mayoría y, en menor grado, la Minoría, a las que se les reconoce un estatus especial parlamentario.
Evidentemente se trata de un retorcimiento. Quizás no buscado directamente pero que se consolidó en el período. La intervención presidencial pretendía armonizar la participación de los partidos en un proceso –la formación de las candidaturas mixtas, la campaña electoral y, realizadas las votaciones, el recuento de los votos y la proclamación de los resultados– tan complejo; al final se llenó de cadáveres políticos la escena.
Porque el Presidente de la República, dentro de sus prerrogativas y mediando las consultas que considerase oportunas, es quien designará al Jefe del Gobierno (Presidente del Consejo), independientemente de los resultados electorales. Eso sí, con los apoyos circunstanciales que recoja. (Alcalá- Zamora vetó siempre al derechista Gil Robles a la Jefatura del Gobierno a pesar de lograr mayorías suficientes).
Y los partidos tampoco querrán someterse a un proceso electoral, tan farragoso, para nada. Todos buscarán alcanzar acuerdos. Las diferencias que subsistan se intentará resolverlas por otras vías.
Es en esta cochura a fuego lento donde se cocinan las expectativas de los partidos junto con las preferencias del Presidente. En una dinámica que llevó a La República a un callejón sin salida.

CUARTA PARTE. FRACASÓ LA REPÚBLICA?

Hemos visto las expectativas que acompañaron el advenimiento de la República, la España que heredó y el escenario internacional. También cómo se organizó y los errores en su defectuosa Arquitectura constitucional.
Sabemos de su dramático final. Poco más. El tema desata pasiones y la II República se refugia en sus mitos protectores.

Lo repito, ¿por qué fracasó La República?

Veamos en detalle.

FRACASÓ EL ESTADO
Que la República fracasó es evidente. Otra cosa es que se quiera enmascarar el fracaso en la teoría de la conspiración; con la sublevación militar o en la falta de apoyos internacionales.

En cualquier caso, fracasaron sus políticas?, fracasaron sus gobiernos?

Cuando en mayo de 1936 accede, como accede, el gobierno del Frente Popular hacía tiempo que no había consenso constitucional ni estabilidad social. La opción revolucionaria (que implicó la muerte definitiva del proyecto republicano) buscó agarrarse a un clavo ardiendo, con trampa. La euforia por una URSS que arrasaría al capitalismo era el imaginario dominante y de paso les aseguraba en el poder.
Por otra parte la sublevación militar, si bien al principio fue utilizada para dar una sensación de revancha (a por ellos!) y unidad, conforme aumentó la dinámica militar y absorbía más recursos, se convirtió en una losa. La única opción plausible fue la que se siguió: prolongar la guerra conforme a los intereses geoestratégicos de la Unión Soviética.

La Republica ya no era recuperable. No quedaban instituciones del Estado y la poca (y meritoria) Administración Local que funcionaba era testimonial y estaba tomada por los comités y milicias populares.

TODOS LOS FRACASOS SON UNO SOLO
Varios elementos dieron al traste, desde su arranque, con esa República ideada, de fugaces destellos.
A continuación repasamos la lista de condicionantes, de obstáculos que, a nuestro criterio, no pudo superar.

1. LAS PROFUNDAS DIFERENCIAS RESPECTO AL PROYECTO REPUBLICANO
Las profundas y variadas diferencias entre los diversos grupos dieron lugar a continuos recelos, envenenando la vida política, sin perjuicio de que bajo mano se mantuviesen contactos, o se llegase a acuerdos políticos o existiesen relaciones personales significativas.
Dentro de los partidos obreros hubo sectores que se integraron en la República únicamente de forma simbólica y otros que acataron la Constitución según circunstancias. A raíz de la ruptura en 1937 del Frente Popular con la Derecha –al considerarla fascista- a continuación se abrieron vías de contacto oficioso entre Prieto y Gil Robles.
Esta dualidad, estas corrientes de superficie sobre otras subterráneas, fue constante. Por eso hay que coger con pinzas los testimonios parciales en los artículos de historia o en la Wikipedia.
El constructo “enemigo político” iba modificándose circunstancialmente: republicanos frente a no republicanos o monárquicos; derecha – izquierda; también los nacionalistas, obreros – capitalistas, meapilas – come curas; fascistas – rojos; cabrón – hijo de puta; terminando en las tapias de los cementerios o en una cuneta

2. LA ERRÓNEA ARQUITECTURA CONSTITUCIONAL
Como hemos visto, y para evitar salidas de curva, se reconoció al Presidente una capacidad de arbitraje o tutela. Funciones que al no desarrollarse jurídicamente quedaron en una nebulosa. Nebulosa que administró Don Niceto desde la moderación.
Al usar de forma ordinaria sus facultades su presencia impregnaba la vida política introduciendo un bucle de distorsión en la acción de los gobiernos y en la vida parlamentaria.

3. LA FÉRREA LEY ELECTORAL
Pensando que -mediante unos robustos grupos parlamentarios y la formación de una Mayoría/ Minoría parlamentaria- la República dispondría de mayor estabilidad la Ley Electoral buscó la concentración del voto.
Pero con eso reforzó aún más la tutela presidencial, dado que los resultados que se obtenían en las urnas precisaban algún tipo de armonización consensuada. Y Don Niceto controlaba.
La Ley dio lugar a una dinámica corporativa (entre partidos) de “armonización” de los resultados electorales. Mediante acuerdos se “pulía” el recuento final para la determinación de la Mayoría. La competencia del escrutinio electoral correspondía a la Mesa de las Cortes, no a los jueces como hoy en día. El mecanismo en sí no era malo pues se hacía con el consenso de los grupos y sin modificar los resultados globales. Fue anacrónico y a la larga perjudicial.
Al soslayar el desarrollo jurídico de la participación de las Instituciones en el funcionamiento de la república se desvalorizaron los procedimientos democráticos. Los perdedores siempre podían sentirse perjudicados e interpretar que los resultados podían haber sido otros. Que es lo que pasó.

4. LA DEPENDENCIA (EMOCIONAL) DE LOS PARTIDOS DE LA IZQUIERDA OBRERA
Los partidos obreros se encuadran en contexto ideológico de la III Internacional, junto con los anarquistas, en el imaginario característico de la época, lejos pues de cualquier tentación de modernidad. Mantuvo la tradición en la que históricamente se desenvolvió durante el XIX y principios de XX. Por lo tanto su relación con la constitución republicana oscilaba en función de los calentones emocionales de carácter simbólico (situación internacional, ambiente en la calle, grandes acontecimientos… ).
En septiembre1936 se vincula materialmente a los intereses de la Unión Soviética, pero hacía tiempo que había perdido la referencia interna de la sociedad española y de la legalidad republicana.
La querencia de los partidos de la izquierda obrera (en la dialéctica, en la simbología, en la exaltación) hacia la URSS fue determinante pero no pudo ser de otro modo. Al final triunfaron las tesis de los sectores más proclives dentro del PSOE (Largo Caballero) produciéndose una aproximación al PC y a la URSS creyendo en el inmediato triunfo internacional del comunismo.

5. EL ASCENSO DE HITLER Y STALIN AL PRIMER PLANO DEL FRÁGIL ESCENARIO EUROPEO
Cobra importancia la coyuntura internacional derivada del triunfo de la revolución sovietista, en el marco de la III Internacional. Seguida de la ascensión de Hitler y el nazismo en Alemania, con sus agresivas políticas hegemónicas de anexión. Este escenario va a acelerar y subordinar el clima social y político de la República.
Hitler y Stalin, se enfrentarán (y se asociarán) por el dominio de Europa. La precipitación de acontecimientos, de crispación dialéctica primero y la sucesión de hechos de violencia desatada después, junto con la ausencia de contrapesos democráticos a nivel europeo, definirán el periodo.
Y este escenario es el que va a determinar el clima emocional y político de la agonía republicana.

QUINTA PARTE: POR QUÉ COÑO FRACASÓ LA REPÚBLICA? (Qué coño es la UDEF?)

Vale, ante la insistencia no me queda más que responder.

Al no ser capaz de dar solución a los problemas que se le presentaron acabó descarrilando el proyecto histórico, genuino, de la II República española.

Contésteme de una vez, POR QUÉ COÑO FRACASÓ LA REPÚBLICA?

Por las profundas divergencias, de más calado que lo que se quiso ver, entre los grupos que constituían el cogollo republicano. Las diferencias sobre los fines, las reformas o las urgencias se suplían con ardientes adhesiones.

Por valorar erróneamente las soluciones a los graves problemas que heredó. Creyó que sus actuaciones tendrían el resultado más favorable. Y porque las reformas se aplicaron de golpe y forma tosca, mostrando escasa inteligencia.

Por obviar el desarrollo jurídico del edificio constitucional, posiblemente para no encarar las profundas diferencias entre los partidos y dentro de los mismos. Se suplió con una tutela presidencial que a la larga lo complicó todo.

Por acabar asimilando el plano simbólico (el imaginario, la retórica revolucionaria, emocional… ) de los partidos obreros. Se produjo el mestizaje cultural inverso.

Por las condiciones internacionales que fueron muy difíciles, y más con la torpeza exhibida por los republicanos.

Por la subordinación, en este contexto, a la URSS, lo que le supuso el abrazo del oso.


En breves, no te pierdas la próxima entrega: MI REPÚBLICA, en donde pretendo dar mi versión más personal y patosa del periodo.

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