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PARA COMPRENDER LA II REPUBLICA. LO QUE NO TE CONTARON (1.11.2017)

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1. ANTES DE SEGUIR ACLAREMOS LAS DIFERENCIAS

MARIANA

 

Existieron grandes discrepancias, de clase, ideológicas, programáticas… entre los grupos que conformaron el proyecto republicano. Esas diferencias no impidieron la vigorosa vida política ni tampoco que en los momentos difíciles se presentasen ante la opinión pública unidos como una piña.

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2 DE CÓMO SE ORGANIZÓ LA REPÚBLICA

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LOS INTENTOS DE DEFENDERSE (SIN ÉXITO) DE SUS FANTASMAS
Desde su inicio la distribución y organización de los poderes del Estado (Ley Electoral, Estatuto de Las Cortes), reflejó el recelo existente entre el Presidente (con poderes constitucionales superiores al monarca depuesto) y los representantes políticos electos. Y se materializó en una confrontación que terminará en la disolución de Las Cortes Republicanas por el Presidente de la República Don Niceto Alcalá- Zamora en enero de 1936. Y meses más tarde, en abril, será él destituido a su vez por las nuevas Cortes.
Para el franquismo, la República estuvo sometida a la masonería. Por contra la “nueva” República en donde se mira es en los castizos y sesteantes casinos españoles de capital de provincia -mucho follón, mucho humo; golpes de fichas en el mármol- en los que cohabitan el vocerío campechano y rancios agravios. Es en estos casinos en donde se pone de Presidente al opositor de judicatura -o a un abogado de prestigio- para que se emplee en darles fuste y así los socios se dedican a lo que quieren: pasar la tarde jugando a las cartas o al dòmino.
(el paso por la Presidencia de la República de Don Niceto Alcalá Zamora, como a continuación Don Manuel Azaña, se ajusta significativamente al perfil anterior; se les asigna una alta responsabilidad de Estado pero son tolerados en tanto no se salgan del florero. No en vano ambos ocuparon la Presidencia del Ateneo de Madrid).
La República se magina, se ensueña, se cuece, en las tertulias de los casinos de provincias, y de ese alma nacerá su ser.

Los constituyentes saben de los peligros que esconden las organizaciones sociales, máxime cuando ya no está el paraguas de la Monarquía. Para ello disponen de tal forma que el Presidente de La República sea el árbitro que impida a sus señorías perderse en las frondas de la política. Que haya frondas, pero sin perderse. Don Nice recibe ese encargo.
Se le dota de potestades superiores a las del monarca del Régimen depuesto: capacidad para disolver las Cortes y convocar elecciones; nombrar Jefe del Gobierno consultados los partidos (según la Constitución, el presidente del Consejo de Ministros necesitaba la doble confianza, la del presidente de la República y la de las Cortes); presidir los Consejos de Ministros y refrendar, o no, las leyes.

El Presidente de la República podía imponer algo más que la música: podía conformar el proceso electoral en pro de unos previsibles resultados. Esto conllevó desde el primer momento la inquina de la misma clase política que lo nombró, dando lugar a las subsiguientes dinámicas inversas para neutralizarlo o desmontar sus maniobras. Supuso un borboteo incesante de conciliábulos y acuerdos bajo manga. Y lo mejor, que hasta el propio Presidente participaba en ellos.

Las precauciones derivadas de los temores a que el proyecto republicano pudiera irse a pique -entre otras cosas, por las fuertes diferencias entre los grupos que trajeron la República- no resultaron; en tanto que en el (nuevo) Estado no se generó una dinámica jurídica que asimilase esas discrepancias. En su lugar se optó por aparentar una inexistente unidad. Y, en consecuencia, facultar al Presidente para que interfiriera la labor de los Gobiernos o la vida parlamentaria fue un tremendo error.
A los pocos meses estaban todos hartos de D. Niceto. Todos, a derecha e izquierda, educadamente, hasta que en abril de 1936 lo echan.

LOS PARTIDOS POLÍTICOS
Partidos políticos y organizaciones sindicales de la izquierda obrera. En el mismo PSOE nos encontramos con sectores dispuestos a acatar la legalidad y otros que no tanto. Luego están los anarquistas y los comunistas que se inclinan a favor de posiciones revolucionarias o se abstienen tácticamente. Se produjeron escenarios imprevistos en función de múltiples combinaciones.
Figuras más significativas: Prieto, Largo Caballero, Besteiro (PSOE). Sindicato socialista: UGT.
Grupos anarquistas, comunistas y sindicalistas: Andreu Nin, Ángel Pestaña… Organizaciones anarcosindicalistas (FAI, CNT).
La izquierda obrera (socialdemócratas y comunistas) se integra en el contexto ideológico y emocional de la III Internacional. Y si bien es ambigua respecto al ordenamiento legal (se mueve en el espacio simbólico de la dictadura del proletariado) en las elecciones de febrero de 1936 exterioriza definitivamente la ruptura con la Constitución y la democracia representativa, arrastrando a esta posición a personalidades y partidos de la izquierda cívica.
Partidos políticos de izquierdas y centro-izquierda no obreros (izquierda cívica). Se trata de plataformas políticas o partidos vinculados a personalidades republicanas de izquierda. Tuvieron peso hasta mayo de 1936. No siendo de clase, exhibieron músculo social y mediático, gobernando mediante alianzas. Actuaron como elemento de compensación. Hubo muchas puertas giratorias y fueron la salsa de todos los guisos.
Figura más significativa: Manuel Azaña. Partidos: Izquierda Republicana (Azaña, Casares Quiroga, izquierda), Unión Republicana (Martínez Barrio, centro izquierda, ex- radical).
Es en los dos grupos anteriores donde encontramos los políticos más relevantes, aglutinando a su alrededor las corrientes de opinión y debates políticos más intensos.
El Centro y el Centro Derecha es la parte menos estudiada. Encontramos numerosos partidos republicanos, muchos de implantación local. Al igual que el grupo anterior, hasta la llegada del Frente Popular (aproximadamente enero 1936) dieron mucho juego político articulando múltiples combinaciones.
Sus líderes, por lo general poco brillantes, digamos que de vuelo bajo (Lerroux, Samper, Chapaprieta, Melquíades Álvarez, Portela Valladares… ). El partido más representativo fue el centrista Partido Republicano Radical (Lerroux).
Su influencia, sus cohabitaciones, dieron lugar a cortos episodios de “placidez republicana“.
Hubo mucha movilidad de siglas y militantes. Según las circunstancias se integraban con candidaturas de uno u otro signo buscando reforzar o debilitar una determinada opción.
La corrupción y los escándalos (como siempre en España) los desacreditan. A raíz de esos escándalos, la decisión del Presidente de la República, Don Nice, de disolver las Cortes en diciembre de 1935 y la subsiguiente convocatoria de elecciones legislativas conllevará su desaparición de la escena.
La Derecha política la integran, con una base social y electoral amplia, la CEDA (católicos), los monárquicos Partido Agrario y Renovación Española (Calvo Sotelo). Salvo excepciones no gobernaron, limitándose a respaldar la gobernación. La CEDA (Gil Robles) tuvo presencia mediática y de masas.
Falange Española (José Antonio Primo de Rivera) representó un papel disruptor. El asesinato de su fundador truncó sus expectativas.

LA TRANSVERSALIDAD
Si algo ha quedado claro hasta aquí, echemos un jarro de agua fría. La movilidad, el desfile continuo de figuras políticas entre grupos y partidos más o menos afines fue constante. El modelo electoral, la formación de mayorías y la certidumbre de por dónde saldría Don Niceto dio lugar a numerosas conversaciones y tanteos previos para alcanzar acuerdos y cerrar las candidaturas conjuntas entre partidos -diferentes según las circunscripciones y vuelta- que a su vez se modificaban según se iban conociendo las posiciones del resto.
Las consultas se hacían entre afines pero como se ha visto no había una delimitación, ni programática ni territorial, precisa. También se sondeaba, si no directamente, a través de conocidos, a formaciones distantes.
Por último, se le hacían al Presidente para saber su disposición hacia las posibles combinaciones (no tenía sentido empeñarse en fórmulas que se estrellasen en el rechazo presidencial).
Las transacciones era habituales también durante el escrutinio de los votos (correspondía a la Mesa de Las Cortes, no a los Jueces como actualmente), como reajuste de los partidos al complicado proceso electoral. De todo ello se ponía en antecedentes al Presidente.
Y es que lo bizarro y el mestizaje fueron constantes. Figuras monárquicas que se hacían republicanas (el propio Don Niceto); el emperador del Paralelo (Lerroux), el Lenin español (Largo Caballero), Pasionaria, El Campesino… la república estuvo poblada por personajes salidos del casticismo español del s. XIX.
La amistad personal o un trato social intenso no era infrecuente entre adversarios. Recordemos la relación entre José Antonio con personajes como García Lorca, Unamuno, Prieto o Ángel Pestaña
Gil Robles incorporó en una de las candidaturas a José Antonio, para librarlo de la cárcel. Similar hicieron los partidos de la izquierda para evitar las condenas del 34.
En 1936, el ostracismo, la persecución o la violencia se emplearán contra amigos y enemigos (Alcalá Zamora, Calvo Sotelo, Muñoz Seca, Andreu Nín, Arturo Barea, Chaves Nogales, Clara Campoamor… )


Y a continuación…

 

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3 LOS ERRORES DE LA REPÚBLICA

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EL PRESIDENTE COMO UN MONARCA BORBÓN
La República se proclama el 14 de abril de 1931 tras unas elecciones municipales en las que concejales republicanos obtienen mayoría en las principales ciudades.
Deseada -como también lo fue Fernando VII– lo cierto es que su proclamación pilla de sorpresa a todos. Sin Constitución ni Cortes Constituyentes.
Se nombra Jefe del Gobierno Provisional a Don Niceto Alcalá- Zamora -abogado de prestigio, monárquico y católico- y a continuación se convocan elecciones legislativas para constituir Las Cortes Republicanas y aprobar la Constitución.
Sin embargo, a la hora de su construcción la República no supo establecer un marco jurídico, más allá de los espacios meramente simbólicos.

Sorpresivamente la Constitución republicana otorga al Presidente la potestad de disolver las Cortes y convocar elecciones legislativas. También le otorga la capacidad de designar al Jefe del Gobierno (Presidente del Consejo de Ministros) independientemente de la aritmética parlamentaria (la Constitución establecía la doble validación -del Parlamento y del Presidente- para designar al Jefe del Gobierno). Y también preside el Consejo de Ministros, refrendando, o no, sus disposiciones.
Teniendo en cuenta que al monarca depuesto se le reprocha justificadamente haber desbordado su papel institucional interviniendo a su antojo en la política y en el ejército, la única explicación plausible a estas prerrogativas, además de la voluntad de los constituyentes de asignar a su figura una instancia final de arbitraje, estaría en los recelos mutuos -simplemente las grandes diferencias- entre los grupos que integran el proyecto republicano.
Posiblemente se quiera evitar que en el proceso de construcción y consolidación republicanos se produzcan desbordamientos, a derecha o a izquierda, dentro de las mismas fuerzas que lideran su proclamación y, en algún caso, derivados de la misma agitación en la calle.
Sin embargo reconocer al Presidente la atribución de interpretar los resultados electorales una vez finalizada la consulta -y la utilización que le dio- , tuvo consecuencias negativas. Supuso la renuncia a estructurar jurídicamente los poderes del Estado, estableciendo en su lugar una ambigua función de tutela.

LA COMPLICADA LEY ELECTORAL
En puridad el Acta de Diputado se obtiene mediante el sufragio universal directo y secreto. Al pretender evitar a toda costa la dispersión del voto y alcanzar un estatus de Mayoría y Minoría parlamentarias, la Ley Electoral lo complicó. Con las candidaturas mixtas se buscaba concentrar el voto, obviando la dispersión de los partidos. Figurar en una misma candidatura podía suponer alguna afinidad o voluntad de coincidencia, pero poco más. Estar en una candidatura no implicaba compartir programa ni tampoco un apoyo parlamentario futuro. Por ello el resultado fue cuanto menos variopinto. Y propiciar fuertes mayorías mediante la concentración del voto propició la radicalización de la política.
Al final las listas reflejaban el mercadeo resultado de las negociaciones y conversaciones entre los partidos y el Presidente.
El sistema funcionaba a dos vueltas, Para la obtención del Acta de Diputado se necesitaba un mínimo del 40% de los sufragios. El candidato que no obtenga un 40% de los votos queda eliminado. Las listas son abiertas y las candidaturas pueden ser mixtas, con agrupaciones de partidos diferentes en cada provincia, teniendo en cuenta que un mismo candidato puede presentarse por varias.
Si en una circunscripción ninguna lista alcanza el 40% en la primera vuelta, se va a la segunda vuelta, si bien solo pueden volver a presentarse los que hayan quedado por encima del 8%. Sin embargo sí se pueden presentar candidatos nuevos.

LA INTERLOCUCIÓN CON EL PRESIDENTE
En este contexto los partidos sondearán la disposición del Presidente, en evitación de complicaciones posteriores y con el objeto de cerrar con los menores problemas las listas mixtas dentro de la brevedad de la convocatoria.
Los Partidos realizan un esfuerzo presentándose y carece de sentido hacerlo sin unas previsiones realistas de conseguir Actas de Diputado. Por lo que harán numerosas combinaciones con formaciones más o menos afines a fin de concentrar votos e intentar superar el fatídico 40%.
Un mismo candidato se podía presentar en varios distritos y tiraba de votos. Efectuado el sufragio los escaños se asignan a los partidos políticos, premiando la Mayoría y, en menor grado, la Minoría, a ambas se les reconoce un estatus especial parlamentario.
Evidentemente se trata de un retorcimiento. Quizás no buscado directamente pero que se consolidó en el período. La intervención presidencial pretendía armonizar la participación de los partidos en un proceso -la formación de las candidaturas mixtas, la campaña electoral y, realizadas las votaciones, el recuento de los votos y la proclamación de los resultados- tan complejo; al final se llenó de cadáveres políticos la escena.
Porque el Presidente de la República, dentro de sus prerrogativas y mediando las consultas que considerase oportunas, es quien designará al Jefe del Gobierno (Presidente del Consejo), independientemente de los resultados electorales. Eso sí, con los apoyos circunstanciales que recoja. (Alcalá- Zamora vetó siempre al derechista Gil Robles a la Jefatura del Gobierno a pesar de lograr mayorías suficientes).
Y los partidos tampoco querrán someterse a un proceso electoral, tan farragoso, para nada. Todos buscarán alcanzar acuerdos. Las diferencias que subsistan se intentará resolverlas por otras vías.
Es en esta cochura a fuego lento donde se cocinan las expectativas de los partidos junto con las preferencias del Presidente. En una dinámica que llevó a La República a un callejón sin salida.


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4 LA CULTURA POLITICA

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Aquellos acelerados años
Se acostumbra a singularizar  la II República como un periodo caracterizado por la violencia y el desorden. Pero el período que le precedió no fue, en absoluto, una balsa de aceite.  A lo largo del xix y xx España es un Estado desencajado caracterizado por la efervescencia política, que se escenifica en la calle. Continuas crisis parlamentarias, militares, sociales y, de cuando en cuando, todo a la vez. La Restauración por una parte proporcionó estabilidad y continuidad. Pero por otra instauró el caciquismo y la componenda. 

La percepción de los acontecimiento por los ciudadanos  no va acompañada de perspectiva histórica. Las noticias llegaban con sordina. Un suceso se transmitía por telégrafo y, a los dos o tres días, en las ciudades se difundía a nivel de calle por la prensa y el boca a boca. En las zonas rurales, mal comunicadas y atrasadas, apenas llegaban rumores cuando todo había pasado. No alcanzaba a romperse el hilo de la normalidad. Una vez superada la asonada o la revuelta -mediante el correspondiente compadreo en las alturas- se volvía a la rutina. 

Al advenimiento de la República los desórdenes y alteraciones en la calle tienen carácter limitado y se atribuyen al desbordamiento popular. En pocas palabras, la sociedad española estaba ya habituada y curada de espanto.

En el período republicano esa cultura continuó, proporcionando los patrones de conducta y las previsiones de su aceptación por los ciudadanos. Los políticos estaban avezados en alcanzar acuerdos bajo mano, sin corregir discurso ni programa. Los gobernadores civiles, controlando la vida política, favorecían o asfixiaban determinadas opciones. Y la calle seguía siendo el caldero de todos los guisos. El casticismo continuaba vivo en la República, perdiendo fuerza ante la movilización de las Milicias Populares (otra forma de casticismo).

Sirva lo anterior como intento de entender el marco mental de la política y de los políticos de la época. 

Los que trajeron la República habían mamado esa cultura bizarra  (y que a lo peor, sigue). Desconfiando todos de todos porque todos se traicionaban ante el Poder; pero llegado el momento recomponiendo la situación y presentándose ante la opinión pública como si nada hubiera pasado.

Conocían el percal y tenían buena voluntad. Por eso convenía alguien que en los momentos de ofuscación mantuviese el rumbo. Pero, al mismo tiempo -la ambivalencia y la dualidad se instalaron en la vida republicana- dispusieron que el Presidente vigilaría el rumbo de la República y ellos se entregarían a sus frondas. Tú vigila el rumbo, que nosotros nos dedicamos a conspirar.

Lo jurídico quedaba por detrás de lo simbólico.


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5 LOS PASTELEOS DE DON NICE

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Los políticos y personalidades que trajeron la República estaban precavidos respecto a la fuerte carga retórica de sus propuestas así como de las grandes diferencias existentes en sus posicionamientos.

Buscando armonizarlas se otorgaron al Presidente facultades para cuidar el rumbo de la república; lo que Don Niceto aprovechó con astucia para tener la última palabra en la formación de los gobiernos.


Don Niceto Alcalá- Zamora era un viejo conocido de la política. Brillante abogado y jurista (Letrado del Consejo de Estado), liberal, católico y hombre a la antigua. Monárquico de toda la vida, republicano después, promovido por sus compañeros republicanos por su experiencia y por su equidistancia. Muy pronto discreparían la decisión.

(Actuó en solitario sin el respaldo de partidos o grupos. Y las decisiones que tomó, al ser voluntaristas y sin apoyos, se le fueron de las manos.
Don Pío Baroja lo describe como un pesado, con discursos interminables y sin dejar intervenir a nadie. La República cuando lo destituyó en abril de 1936 lo trató mal. Algo debió intuir Don Niceto porque se fue de crucero por Noruega y no regresó.)


Las elecciones serán en febrero del año que viene (1936)
Don Niceto forzó los resultados de las legislativas de 1933 al encargar gobierno al populista D. Alejandro Lerroux, el Emperador del Paralelo (Partido Republicano Radical, centrista moderado), en lugar de al ganador de las elecciones (Gil Robles y su partido de derecha, la CEDA). Pretendía evitar el acceso de la Derecha -pura y dura y con ganas de desandar lo andado- tras el fuerte varapalo en votos a la Izquierda gobernante.
Por varios motivos. Uno, comprensible, evitar derrapes. Otro, el temor a la posible reacción de los derrotados, rechazando la legalidad republicana y derivando en enfrentamientos callejeros y violencia. Conocía a unos y a otros.
De ahí que optase, en un gesto de apaciguamiento, por el gobierno “radical- populista” (en realidad centrista moderado) de Don Alejandro Lerroux.
Los gobiernos de este período (que la izquierda denominó ilustrativamente “el bienio negro“) fueron los que afrontaron y sofocaron en 1934, con una fuerte represión, el golpe de Estado revolucionario de socialistas y anarquistas que se materializó en Asturias y Cataluña.
Cuando se convocan las vistas de los procesos penales y administrativos instruidos a raíz de aquel levantamiento, encontrándose pendientes de juicio numerosos detenidos, se dan a conocer graves escándalos de corrupción que afectan a los radicales en el Gobierno. Lerroux tiene que dimitir y le sustituye, Chapaprieta (también Radical Republicano)
Cara a la opinión pública, el Gobierno queda desacreditado moralmente para aplicar las fuertes sanciones administrativas previstas, y deslegitimado políticamente para llevar a término las duras sentencias penales.
Lógicamente las organizaciones de izquierdas rentabilizan el escándalo y lo utilizan para recuperar posiciones. Por lo tanto, desde el Parlamento, los gobiernos municipales y Autonomías, organizaciones sindicales y obreras, medios de opinión, agitprop político y, significativamente, la calle. Se van a exprimir los argumentos, recurriendo al componente emocional y a una potente puesta en escena.
Don Niceto se percata de su patinazo y vislumbra los nubarrones. Sabe que en estas circunstancias la izquierda cívica hará piña junto a las organizaciones obreras. Don Niceto estando solo, sin el respaldo de algún partido, una vez más recurrirá a un subterfugio.

La CEDA (derecha)  retira su apoyo a los radicales y reclama el Gobierno, por lo que falto de apoyos dimite Chapaprieta (12.1935). Don Niceto para soslayar la aritmética parlamentaria disuelve, otra vez, las Cortes y nombra provisionalmente (se saca de la manga) Jefe del Gobierno a Manuel Portela Valladares; de su entera disponibilidad. 

El guión previsto por el Presidente para recuperar la República del bache en que se encuentra es: disolución de Las Cortes y convocatoria de Elecciones Generales para febrero de 1936. Y con Portela monta de la nada el Partido de Centro Democrático para ganar las elecciones (de la mano de Portela y sus Gobernadores Civiles). 

La situación ha cambiado
La situación se había deteriorado respecto a 1933. Una fuerte fractura social, consecuencia  de los violentos episodios revolucionarios y la posterior represión, que se envenenó con los escándalos de corrupción del Gobierno. La calle hervía de manifestaciones antigubernamentales a favor de la amnistía a procesados o condenados. 

Correlativamente el escenario europeo estaba muy radicalizado. En 1933 Hitler asciende al poder y la tensión internacional, polarizada entre Alemania y Rusia, va en aumento en detrimento de los países de su entorno…

La República permanecía como el símbolo con el que se presentaban unidos los partidos republicanos cívicos junto a los partidos obreros y organizaciones sindicales. Pero para los segundos la chaqueta republicana les quedaba estrecha. Existían nuevos escenarios desde los que conquistar el imaginario de la dictadura del proletariado.


La operación de Don Niceto Fracasa
(en mi opinión, Don Niceto no supo ver los cambios en el escenario político europeo, ya que diseñó una operación a su modo habitual: ganar las elecciones con su nuevo Partido de Centro Democrático y a continuación, posiblemente, ofrecer entrar en el Gobierno a la Izquierda; quedando él de árbitro.

Las estrategias camerales de Don Niceto se habían convertido en juegos de salón. La lucha estaba en la calle y las organizaciones sociales. El marco jurídico salía perdedor ante espacios simbólicos muy radicalizados. El Parlamento había pasado a ser un escenario más.)


A raíz de la convocatoria de las elecciones el ambiente político, enrarecido, se trasladó a la calle. Las elecciones se hicieron, en un clima desbordado y de intimidación, terminando en la atribución forzada de la Mayoría parlamentaria al Frente Popular (antes de realizarse la segunda vuelta).

La campaña fue especialmente violenta en aquellos lugares en los que los partidos dirimían la victoria. Los piquetes, o los enviados por el Gobierno Civil se emplearon a fondo para domeñar los resultados. Se declaró el Estado de Alarma y a consecuencia de la situación varios gobernadores civiles se fueron, literalmente, a sus casas, con lo que aumentó el ambiente de inseguridad y la manipulación en los escrutinios. 

A los pocos días de la primera vuelta (16.02.36), sin conocerse los resultados, Portela Valladares renunció (irrevocablemente) a la Presidencia del Gobierno y se fue a casa. Y Don Niceto al poco de ser destituído (el 7 de abril) se largó de crucero para no volver (primeros días de julio del 36).


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6 TODO ACABA EN EL 36

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De diciembre de 1935 a marzo de 1936, a raíz de la dimisión de Chapaprieta y convocatoria de elecciones por Don Niceto el ambiente político, enrarecido y radicalizado, se desplazó a la calle.
Las elecciones se hicieron, en un clima desbordado e intimidatorio, terminando en la atribución precipitada, por la Mesa de las Cortes, de la Mayoría parlamentaria al Frente Popular (antes de la segunda vuelta y de constituirse la nueva Cámara). 
La campaña fue especialmente dura en aquellos lugares en los que los partidos disputaban votos decisivos. Los piquetes, o los enviados de Gobierno Civil se emplearon a fondo para afinar los resultados.
Se declaró el Estado de Alarma y dado el cariz de la situación varios gobernadores civiles se fueron, literalmente, a sus casas; con lo que aumentó el ambiente de inseguridad y manipulación.

Antes de conocerse los resultados de la primera vuelta (16.02.36), Portela Valladares renunció (irrevocablemente) a la Presidencia del Gobierno y se marchó también a su casa.


“El 16 de febrero de 1936, nada más hacerse públicos los resultados electorales, la dirigente comunista Dolores Ibarruri “La Pasionaria” se presentó en la Cárcel de Oviedo, en la que se encontraban presos socialistas por su participaron en la sublevación de octubre de 1935. El Director estaba huido y la Pasionaria, que entró en la prisión con milicianos armados, liberó a los presos al grito de “¡Camaradas, sois libres!” 


A partir de abril hasta la sublevación militar en julio de 1936, presidiendo la República Don Manuel Azaña, en el Parlamento una mayoría de escaños se atribuyen al Frente Popular.  La vida política continúa en el hemiciclo y en los medios de comunicación (periódicos, boletines, asociaciones, etc…), pero es en la calle donde se dirimen los enfrentamientos. (sobre el clima social del periodo y más detalles remito al lector (o lectora) a la abundante documentación existente). La actividad parlamentaria deja de ser el ámbito relevante para pasar a ser un espacio más de la visualización de la dialéctica política y social. 


Partidos que integran el Frente Popular: Partido Socialista Obrero Español, Izquierda Republicana, Unión Republicana, Partido Comunista de España, Partido Sindicalista, POUM, Partido Galeguista. Con el apoyo de la CNT- FAI y el Partido Radical Socialista.
En Cataluña se constituye el Front d’Esquerres.


El protagonismo en la calle corresponde al Gobierno de la República (responsable de la seguridad y del orden público) y a las organizaciones de la Izquierda obrera -partidos, sindicatos, Milicias Populares y comités- quienes acaparan la presencia pública, cada uno conforme a sus pulsiones.
Por último Falange Española es la organización, vinculada al fascismo, que utiliza también la violencia en la calle como recurso político.

Más atenuada continuará la actividad (parlamentaria, en sus medios y en la calle) de los partidos de izquierda cívica y personificada en sus líderes principales; Izquierda Republicana (Azaña) y poco más (Unión Republicana – Martínez Barrio).

La Derecha mantiene su presencia en el Parlamento y en sus medios de comunicación. Gil Robles (CEDA) ostenta el status de Jefe de la Oposición, compartiendo presencia con José Calvo Sotelo (RENOVACION ESPAÑOLA). Sin visualización en la calle.

Los partidos de Centro Derecha, Centro y Centro Izquierda desaparecerán definitivamente del Parlamento, de los Medios y de la calle.


El 7 de Abril de 1937 Don Nice, con la práctica unanimidad de los partidos, es destituido como Presidente de La República, lo que aprovechó para irse de crucero a Noruega y no volver más. Le sustituirá Don Manuel Azaña.

El Parlamento redujo a mínimos su actividad (sorprendentemente se anuló la convocatoria de elecciones municipales ya convocada).

El 13 de julio de 1937 un grupo de socialistas, vestidos como guardias de asalto, secuestra y mata al jefe del partido de derechas, Renovación Española, Don José Calvo Sotelo. Esta muerte anima a posicionarse a favor del golpe militar en marcha a los que estaban indecisos.

Iniciada la rebelión militar el 18 de julio de 1936, se extingue la actividad parlamentaria y la calle se convierte en el escenario exclusivo. El Gobierno comparte protagonismo junto con la movilizaciones callejeras y agitprop de las Milicias Populares, partidos y sindicatos obreros.  Se impone la censura de los medios de comunicación y solamente continuarán activos  los vinculados a las organizaciones obreras.
Desaparece la actividad de los partidos políticos en el arco que va desde la Derecha hasta el Centro Izquierda. Alguna personalidad de centro izquierda tendrá protagonismo pero fuera de la actividad institucional del partido. 


Y a continuación…

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